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Respira, serás padre o madre toda la vida, enséñale las cosas importantes, las de verdad.

A saltar en los charcos, a observar a los insectos, a dar besos de pajarito y abrazos de osos. No olvides esos abrazos y no se los niegues nunca, puede que dentro de unos años esos abrazos que añoras sean los que algún día no diste.

Dile cuanto lo quieres cada vez que lo pienses, déjalo llorar, llora con él, las paredes se pueden volver a pintar, los objetos se rompen y se reemplazan continuamente, los gritos de mamá y papá duelen toda la vida, puedes lavar los platos más tarde, mientras tu limpias el crece.

El no necesita tantos juguetes, trabaja menos y quiere más y sobre todo….

Respira, serás madre toda la vida.

El solo niño una vez.

 

El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin reposo.

De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones.

El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan de un amor poderoso e incontenible.

Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de sus piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos.

Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río que excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.

Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.

Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás (y ojo, esto tiene que suceder!)

Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nanas y los Había una vez… acabarán de resonar en la oscuridad.

Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tendré suerte, me perdonarán alguno.

Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.

Olvidarán, aún si yo no olvidaré. Las cosquillas y los “corre corre”, los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las tartas, las caricias mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en lo que me han necesitado tanto, como el aire que respiran.

Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos, porque ésto es lo que el tiempo elige.

Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente! y que el tiempo, astuto e indiferente, sea amable con esta madre que no quiere olvidar.

 

(Tomado de  Fb TeAdoré)

En el parque un día, una mujer se sentó al lado de un hombre cerca de un patio de recreo. “Ese es mi hijo, el que esta ahí,” ella dijo, apuntando a un pequeño niño de camiseta roja quien se estaba tirando de la resbaladilla.

“Es un niño muy bonito” el hombre dijo. “Esa es mi hija en la bicicleta con el vestido blanco.” Entonces, mirando a su reloj, el llamo a su hija, “¿Cuando nos vamos Daniela?” Daniela le pidió, “Solamente cinco minutos más, por favor Papá? “Solo cinco minutos más.” Su papá dijo que si y Daniela continuo en su bicicleta feliz.

Pasaron los minutos y el papá se paro y la llamo de nuevo. “Ya nos podemos ir?” De nuevo Daniela le suplicó, “Cinco minutos más, Papá, solo cinco minutos mas.” El hombre sonrió y dijo, “esta bien” “Ciertamente tu eres un papá muy paciente”, la mujer respondió.

El hombre se rió y dijo, “A su hermanito mayor lo mato un chofer borracho el año pasado mientras el estaba en su bicicleta cerca de aquí. Nunca pasaba mucho tiempo con él y ahora daría cualquier cosa por solamente pasar cinco minutos con Luis. Me he prometido no cometer el mismo error con Daniela.

Ella piensa que tiene cinco minutos mas para montar su bicicleta. La verdad es que, yo tengo cinco minutos mas para verla jugar.

” La vida se trata de hacer prioridades”

¿Cuáles son tus prioridades?. Dale cinco minutos mas de tu tiempo a alguien que quieres…

Un escrito para reflexionar cuantas veces desperdiciamos 5 minutos sin la compañía de nuestros seres queridos.