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Respira, serás padre o madre toda la vida, enséñale las cosas importantes, las de verdad.

A saltar en los charcos, a observar a los insectos, a dar besos de pajarito y abrazos de osos. No olvides esos abrazos y no se los niegues nunca, puede que dentro de unos años esos abrazos que añoras sean los que algún día no diste.

Dile cuanto lo quieres cada vez que lo pienses, déjalo llorar, llora con él, las paredes se pueden volver a pintar, los objetos se rompen y se reemplazan continuamente, los gritos de mamá y papá duelen toda la vida, puedes lavar los platos más tarde, mientras tu limpias el crece.

El no necesita tantos juguetes, trabaja menos y quiere más y sobre todo….

Respira, serás madre toda la vida.

El solo niño una vez.

 

Se dice que sólo cuatro pedagogos del siglo XX revolucionarion la crianza de los niños. Son el americano John Dewey, el alemán Georg Kerschensteiner, la italiana Maria Montessori y el pedagogo de la entonces Union Soviética, Antón Makarénko.

María Montessori redactó cortos “mandamientos-recordatorio” para los padres de familia. Son sencillos, pero si lo piensas un poco más a fondo, en cada uno de ellos hay gran sabiduría en sólo algúnas palabras.

Los niños aprenden de lo que los rodea.

Si criticas mucho a un niño, él aprenderá a juzgar Si elogias con regularidad al niño, él aprenderá a valorar.

Si se le muestra hostilidad al niño, él aprenderá a pelear.

Si se es justo con el niño, el aprenderá a ser justo.

Si se ridiculiza al niño con frecuencia, él será una persona tímida.

Si el niño crece sintiéndose seguro, aprenderá a confiar en los demás.

Si se denigra al niño con frecuencia, se desarrollará en él un malsano sentimiento de culpa Si las ideas del niño son aceptadas con regularidad, él aprenderá a sentirse bien consigo mismo.

Si se es condescendiente con el niño, él aprenderá a ser paciente Si se alienta al niño en lo que hace, ganará seguridad en sí mismo Si el niño vive en una atmósfera amigable y se siente necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.

No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo Escucha siempre a tu hijo y respóndele cuando él se acerque a ti con una pregunta o un comentario Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante Está dispuesto a ayudar si tu niño busca algo, pero también está dispuesto a pasar desapercibido si él mismo ya ha encontrado lo que buscaba Ayuda al niño a asimilar lo que antes no había podido asimilar. Haz eso llenando el mundo que lo rodea de cuidado, discreción, oportuno silencio y amor.

Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Dale lo mejor que hay en ti

Sabías que lo que comemos no solo afecta como nos sentimos, si no también  nuestra manera de comer, una de las mayores preocupaciones de los padres y en especial de las madres  es el que nuestro  hijo disfrute los alimentos nutritivos y  sanos, sin embargo en muchas ocasiones esta preocupación hace que el momento de la comida se convierta en un momento tenso para todos y sin darnos cuenta hacemos que el vinculo que existe entre alimentación y emoción no sea el más adecuado, te has puesto a pensar que es lo que muchas veces sin saberlo mandamos de mensaje a nuestros hijos y que les quedará en ocasiones en su memoria, además de esto una pregunta importante es saber ¿cuánta cantidad? deberíamos darle a nuestro hijo y que variedad para que se nutra,  de esto y mucho más hablaré  en mi próximo taller que se llevará a cabo el miércoles 7 de noviembre  en la Ciudad de México en Prime Blend Store, ubicada en Palmas #100, en Lomas de Chapultepec, si te gustaría asistir y conocer la recomendación por parte de la nutrióloga  Verónica Obregón  para la alimentación de tu hijo, además ver la preparación por parte del Chef Quezadas  de  alimentos que se vean apetitosos y que además sean sanos, no dudes en contactarnos a través del correo ventas@matariledigital.com

Grace

Hoy nos toca hablar un poco de los adolescentes, esta etapa que es calificada por muchos  como la más difícil, en donde ni ellos mismos pueden entender que quieren,  que necesitan, que les gusta o que no, lo que buscan, por  donde van.

No  pueden planear mas de un día, ya que para ellos no hay anticipación, ni miedo o temor  a nada, sin embargo no es la etapa más difícil como nos han hecho creer, simplemente que no siempre estamos preparados como padres para ella;  pasamos la infancia de nuestros hijos con altibajos, con niños que generalmente hacían caso, estudiaban, no necesitaban andar socializando tanto, podíamos compartir momentos con ellos , etc.,  de pronto en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos con una situación que no podemos comprender, algo nuevo para nosotros y es cuando nos  preguntamos  ¿ qué le ha pasado a nuestro hij@? ¿dónde está el niñ@ que disfrutaba a nuestro lado?  ese niño es el mismo  hasta hace algunos días  más tranquilo y obediente.

¿Te suena algo lo que leíste? si es así entonces surge una pregunta ¿habré hecho algo mal? O peor aún buscamos si es alguien o algo lo que lo está influenciando,   es importante que sepas que lo único que pasa es la adolescencia, este momento hermoso, donde nuestros hijos dejan de ser niños para iniciar el largo camino de convertirse en adultos , esta fase de rebeldía en donde su cuerpo no se conecta con sus pensamientos, en dónde se vuelven muchas veces torpes o lentos, en dónde necesitamos un elefante para alimentarlos y  dónde nosotros como padres no sabemos si amarlos o encerrarlos hasta que pase el ciclo.
Primero hay que entender que ellos no buscan pelear con nosotros, lo que nos dicen y aparentemente  nos retan no es para pelear, es para encontrarse ellos mismos, es descubrir de lo que son capaces, necesitan sentirse amados y escuchados, no regañados y enjuiciados, si con anticipación les diste límites y consecuencias ellos entenderán lo que se espera, recuerda que en este periodo tienes la oportunidad y es el último de resarcir algún daño hecho en la infancia, de hacerlos sentir seguros, autónomos e independientes,  así que empieza a  comunicarte con ellos y a amarlos como siempre, tu niño se ha ido y empieza a ser un joven.

Grace González

PAPI Y MAMI:

1.- “Mis manos son pequeñas y por eso se me cae la leche aunque no quiera…”
2.- “Mis piernas son cortas, por favor, espérame y camina más despacio, así puedo andar contigo…”
3.- “No me pegues en las manos cuando toco algo y de color brillante… Es que quiero aprender…”
4.- “Por favor, mírame cuando yo te hablo. Así sé que me estas escuchando…”
5.- “Mis sentimientos todavía son tiernos, no me regañes todo el día… Deja que me equivoque sin hacerme sentir tonto…”
6.- “No esperes que la cama que haga o el dibujo que pinto sean perfectos. Ámame por el hecho de haber tratado de hacerlo lo mejor posible…”
7.- “Recuerda que soy un niño, no un adulto pequeño… A veces no entiendo lo que me dices…”
8.- “Te quiero tanto… Por favor, Ámame por lo que soy, no por las cosas que hago…”
9.- “No me rechaces cuando estas molesto conmigo y vengo a darte un beso… Me siento solo, abandonado y con miedo…”
10.- “Cuando me gritas me asusto… Por favor explícame lo que he hecho…”
11.- “No te enfades cuando en las noches las sombran y la oscuridad me dan miedo cuando me despierto y te llamo… Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz…”
12.- “Cuando vamos a la tienda no sueltes mi mano creo que voy a perderme y que no me encontrarás jamás…”
13.- “Me siento muy triste cuando ustedes discuten… A veces pienso que es por culpa mía y se me encoge el estómago y no sé qué hacer…”
14.- “Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano… ¿Es que lo quieres más que a mí? Quizá ¿Porque es más lindo e inteligente?, pero yo… ¿No soy tu hijo también?…”
15.- “Me regañaste duro cuando rompí mi juguete favorito y mucho más cuando me eche a llorar. Yo estaba triste y peor que tu… No lo hice a propósito y me quede sin él…”
16.- “Te molestaste porque me ensucie jugando. Pero es que la sensación del barro en mis pies era tan rica y la tarde tan linda… Ojalá supiera lavar para lavar mi ropita…”
17.- “Hoy te sentiste mal y yo me preocupé mucho. Traté de entretenerte con mis juegos, mis cuentos, ¿qué haría yo si a ti te pasara algo?…”
18.- “Me meten miedo con el infierno y no sé lo que es… Pero pienso que debe ser algo así tan terrible como estar sin ti…”
19.- “Aunque me dejaron con los tíos y la pase bien, los extrañe mucho toda la semana. ¡Ojalá no hubiera vacaciones para los papas!”
20.- “Tengo mucha suerte! Entre todos los niños que hay en el mundo, ustedes me escogieron a mí…”

Los adultos tendemos a olvidarnos de nuestra infancia, qué sentíamos, qué nos hería, qué nos daba miedo…

Puede que escuchen este llamado a veces verbalmente y otras no, porque los niños lo piensan en silencio.

Tomado del FB  de “Pedagogía UNITEC”

No, no te haces mamá en el momento de parir o pasar por una cesárea (tampoco suenan campanitas celestiales ni flotan angelitos a tu alrededor mientras miras a tu hijo con ojos ilusionados en una cama de hospital, aceptémoslo)… te vas haciendo mamá con el paso de los días, cuando deja de ser importante pasarte un peine por la cabeza o vestir bien y cuando descubres que eres más fuerte de lo que creías porque sin importar el cansancio o el dolor, al primer conato de llanto sales corriendo a atenderlo. Te haces mamá con su primera sonrisa, su primer diente, su primer balbuceo y sus primeros pasitos vacilantes. Te haces mamá cuando no puedes evitar las lágrimas al verlo con su primer uniforme y acompañarlo en sus primeras tareas, que te dejan las manos tiesas de papel y pegamento. Te haces mamá cuando te mira, cuando te abraza con sus bracitos regordetes y en cada noche en vela que pasas cuando está enfermo. Te haces mamá cuando descubres que ha empezado a construir sus propias redes sociales lejos de ti y deseas con todo el corazón haberlo educado para que actúe como un ser humano empático y generoso. Te haces mamá cuando aprendes a hablar por teléfono por encima de sus gritos y a caminar en una zona minada de juguetes. Te haces mamá en cada bailable, y cuando vas descubriendo sus primeros sueños y sus primeras determinaciones. Te haces mamá cuando te sientes feliz por sus triunfos y lamentas con el alma no poder ayudarlo a superar sus derrotas. Te haces mamá cuando lo ves estirarse, que le cambie la voz o que le crezcan cosas que antes no estaban ahí, y te das cuenta, con ternura, que poco a poco está abandonando la niñez. Te haces mamá, aún más, cuando tu hijo te reta, se rebela, te pide espacio y te confronta, y lloras las lágrimas más dolorosas de tu vida, pero entiendes que en la búsqueda de su propia individualidad tiene que romper el vínculo que antes los unía… y te consagras como mamá en el momento que echas mano de toda tu entereza para no acobardarte y dejarlo partir a construir sus propios mundos… . y allá afuera, cuando lo ves convertido en adulto, es entonces cuando seguramente entiendes por qué la palabra mamá tiene ese carácter sublime…