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Llegué a la conclusión que NO!!!..

Nos casamos, formamos una familia, somos felices unos años pero la gente cambia, y no siempre en el mismo sentido. Es ahí donde muchas veces el amor se acaba. La gente dice: “Fracasó en su matrimonio” pero en realidad en muchas ocasiones es aceptar cerrar un círculo hermoso de la vida para dar espacio a la libertad y no vivir en un engaño.

 

Fracaso es jugar a “la familia feliz”.

Fracaso es engañar a tu pareja, a tus hijos, y lo más grave…a ti mismo!!!

Fracaso es quedarse por conveniencia.

Fracaso es manipular a tu pareja con los hijos.

Fracaso es vivir una vida gris.

Fracaso es no llegar feliz a tu casa cada noche.

Fracaso es mendigar el amor de quién ya no te ama.

Fracaso es fingir que amas.

Fracaso es quedarse por miedo a la soledad.

Fracaso es vivir con reglas absurdas sociales o religiosas por miedo al “qué dirán”.

Fracaso es NO TENER EL VALOR DE LUCHAR POR TU FELICIDAD!!!

Fracaso es creer que el AMOR NO EXISTE…

 

Un divorcio con madurez es respetar al padre o madre de tus hijos para toda la vida!!!

Es saber convivir en familia tantas veces sea posible sin ataduras ni compromisos, solo por gusto!!!

Un aplauso a todos los que han tenido el valor de no vivir en el fracaso.

Y una ovación de pie a los que siguen felices y enamorados después de tantos años!!!

Lucha por tu matrimonio, pero cuando ya no haya por qué luchar LUCHA POR TU FELICIDAD!

 

Tomado dw FB BUENA LUNA

Tus niños no tienen la culpa del mal día que tuviste.

Tus niños no tienen la culpa de los problemas con tu pareja.

Tus niños no tienen la culpa de tus frustraciones ni los malos ratos en tu trabajo.

No tienen la culpa de que se haya roto el condón o fallado la píldora anticonceptiva. O, simplemente, no tienen la culpa que tú no te hayas cuidado con responsabilidad.

Tus hijos no tienen la culpa de las heridas de tu infancia.

De tus penas, de tus miedos. De tu corazón roto.

Ellos llegaron para sanar,

para enseñarte a amar de una manera que no imaginaste jamás.

Llegaron para darle un significado a tu vida que tal vez antes no tenía. Para enseñarte a ser fuerte y resiliente.

Para enseñarte a luchar y salir adelante todos los días.

Es nuestra obligación como mamás darles una infancia linda, mágica, contenida en besos, abrazos y presencia.

Nos equivocamos, es cierto.

Tropezamos y nos caemos,

pero debemos saber limpiarnos las heridas y pedir perdón.

Aprender a ser mamás cada día.

No es fácil.

Debemos luchar contra nuestro cansancio, penas, temores, situaciones no resueltas.

Seamos mamás presentes, cariñosas, ocupadas y preocupadas con y para nuestros hijos.

Es el trabajo más importante, el que deja huellas: formar personas. Personas de bien.

En ellos quedará el amor que pusimos en este camino durante su infancia. Eso es lo único, lo que más queda.

 

Constanza Díaz

El lado B de la maternidad-Perfectamente imperfectas

El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin reposo.

De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones.

El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan de un amor poderoso e incontenible.

Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de sus piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos.

Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río que excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.

Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.

Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás (y ojo, esto tiene que suceder!)

Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nanas y los Había una vez… acabarán de resonar en la oscuridad.

Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tendré suerte, me perdonarán alguno.

Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.

Olvidarán, aún si yo no olvidaré. Las cosquillas y los “corre corre”, los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las tartas, las caricias mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en lo que me han necesitado tanto, como el aire que respiran.

Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos, porque ésto es lo que el tiempo elige.

Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente! y que el tiempo, astuto e indiferente, sea amable con esta madre que no quiere olvidar.

 

(Tomado de  Fb TeAdoré)

Cuidemos a nuestros hijos

Estos son algunos tips que considero importante tomar en cuenta, nuestros hijos son realmente inocentes.

  • Avisar a su hija, para que no se siente en el regazo de nadie, no importa la situación, incluyendo a los tíos.
  • Evite vestirse delante de su hijo a partir de sus 2 años.
  • Nunca permita que cualquier adulto se refiera a su hijo como ” mi esposa ” o ” mi marido “
  • Cada vez que su hijo sale a jugar con sus amigos, asegúrese de estar buscando una manera de averiguar qué tipo de juego lo están haciendo, porque los jóvenes ahora abusan sexualmente de sí mismos.
  • Nunca haga que su hijo visite a cualquier adulto que él o ella no se sienta cómodo con esa persona,  también estar atento si su hijo llega a ser muy fan de un adulto en particular.
  • Una vez que un niño muy alegre de repente se vuelve tímido. Es posible que tenga que pedir paciencia y aclarar algunas preguntas sobre el porqué de su conducta.
  • Educar cuidadosamente sobre los valores correctos de la sexualidad. Si no lo hace, la sociedad les enseñará los valores equivocados.
  • Siempre es aconsejable ver y revisar cualquier nuevo material como los dibujos animados que acaba de comprar para ellos antes de empezar a ver ellos mismos.
  • Asegúrese de activar los controles parentales en sus redes  y consejos a sus amigos, especialmente los que su niño (s) visita (s) muchas veces.
  • Enseñe a sus hijos a partir de los 3 años como lavar sus partes íntimas correctamente, y les aviso para no permitir nunca que nadie toque esas áreas (recuerde, la caridad comienza en casa y con usted).
  • Aparte los materiales asociados que usted piensa que podría poner en peligro la salud mental de su hijo (esto incluye música, películas e incluso amigos y familias).
  • Una vez que su hijo se queja de una persona en particular, no guarde silencio sobre el tema.
  • Algo importante es que nosotros somos padres criando futuros padres y desafortunadamente  el dolor dura toda la vida
  • Recuerda, somos los padres criando futuros padres.

Si ha leído hasta el final deje su comentario y comparta para mantener esta publicación como alerta!

PD: Este artículo no es mío, lo vi, me pareció importante compartir y así todos ayudamos a cuidar a nuestros niños.

 

Tus hijos no van a recordar lo que les regales para Navidad, olvídate de eso, bueno al menos yo no me acuerdo.

Mi madre murió cuando era un adolescente, mi padre, cuando entré en la veintena,  cuando pienso en las navidades que pasaba con ellos, me acuerdo de ellos, no me acuerdo de sus regalos.

Recuerdo a mi madre pisando fuerte la nieve y echando alpiste para dar de comer a los pajaritos con alas de colores que seguro que se lo comerían muy a gusto.

Recuerdo las tardes lentas alrededor del fuego.

Recuerdo el ponche de huevo, tomado a sorbitos y las velas de arena y cera.

Recuerdo los paseos de Nochebuena con la familia, a veces cómodos y otras, a -20 grados.

Recuerdo su amor, no sus regalos.

Recuerda,  el niño con más regalos no es el que gana.

Tus hijos no necesitan más cosas,  te necesitan a ti.

Lo diré sin rodeos: llegarán unas navidades en las que tú no estés, ojalá pase mucho tiempo hasta ese momento, pero también podría ocurrir pronto, no se trata de un pensamiento morboso, sino centrado, tus hijos siempre tendrán cosas,  a ti no te tendrán siempre.

Así que, abrázalos. Léeles.

Haz el tonto con ellos y demuéstrales que la alegría existe más allá de los regalos.

Baila con tus hijos y crea recuerdos. siéntate con ellos a ver  la película Elf y ríe a carcajadas,  tómate tu tiempo con ellos,  no programes citas esos días,  tus hijos son más importantes,  rechaza algo para poder aceptar una opción mejor.

Haz una pausa estas vacaciones para poder acurrucarte con tu pequeño o  ponte a escuchar al mayor,  no pases más tiempo viendo el fútbol con tus hijos que jugando con ellos.

Recuerda,  no se trata de las cosas,  nunca ha sido así y nunca lo será.

Por favor, no regales a tus hijos algo tan barato como las cosas, los objetos nunca conectan a la gente de una forma significativa, de hecho, tienen el efecto contrario, la aíslan: “Yo juego con mis cosas y tú con las tuyas”.

Los objetos te llenan las manos y te impiden tocar el alma de la otra persona.

Los objetos te llenan los oídos y te impiden escuchar los gritos del corazón de tus allegados.

Los objetos te llenan los ojos y te impiden ver el tremendo valor de la gente que tienes justo enfrente.

Recuerda: los mejores recuerdos no están hechos de dinero. Los mejores recuerdos están hechos de gente y lugares. Si tienes dinero, gástalo en recuerdos, si no tienes dinero, no pasa nada, porque el dinero no es un requisito previo para los recuerdos.

Estas navidades y las que estén por venir, recuerda que los regalos no serán un recuerdo,  tu presencia sí o tu ausencia,  mis padres ahora están ausentes,  no puedo cambiarlo y ellos tampoco,  pero cuando pudieron, me regalaron recuerdos. Y hoy yo los mantengo.

Recuerdo las últimas navidades de mi madre,  estaba enferma y todos lo sabíamos,  esa última mañana de Navidad, se sentó en el sofá con un enorme oso de peluche y miró a sus hijos y sonrió.

Y esa sonrisa sigue siendo uno de los mejores regalos que he recibido nunca.

 

Autor: Jonathan Trotter

¿POR QUÉ TUS HIJOS HACEN LO QUE HACEN?

Una madre levantó la mano y preguntó:

– ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?

– Dígale que baje, – le dije yo.

– Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.

– ¿Cuántos años tiene el niño?– le pregunté.

– Tres años – afirmó ella.

Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con grupos de padres.

Muchos conflictos se están viviendo porque los padres de familia se muestran temerosos o flojos para ejercer su autoridad. Y esos hijos van creciendo y el problema junto con ellos, ya que a esos padres les cuesta trabajo tomar la decisión de poner límites y ejercer su autoridad de forma correcta.

¿Por qué tus hijos hacen lo que hacen?

1.- PORQUE TÚ LOS DEJAS.

Hacen lo que hacen porque tú se los permites. Los hijos se convierten en lo que son, porque sus padres lo permiten, así de sencillo. Si tu hijo está haciendo un desastre de su vida, esta respuesta no te va a gustar, tú vendrás a mí y me darás un millón de excusas, le vas a echar la culpa a la música que escucha, a las películas que ve, a los libros que lee (si es que lee), a la violencia que transmite la televisión, al sistema educativo, o a la presión que ejerce la sociedad o a sus amigos, así es que haz a un lado la indignación y piensa en esta verdad: tus hijos son producto de tu paternidad o lo que es lo mismo, de tu manera de educarlo.

2.- NO HAY CONSECUENCIAS DEL MAL COMPORTAMIENTO.

Los padres dejan hacer a sus hijos lo que quieran, con muy poca información de lo que es aceptable y lo que no lo es. Si ellos hacen algo mal, no hay consecuencias por el inaceptable comportamiento.

Algunas veces decimos: “si haces esto te va a pasar aquello”, y “si no haces aquello te va a pasar esto”, después ellos no hacen lo que tienen que hacer y no pasa nada, no cumplimos la promesa de las consecuencias advertidas. ¿Sabes en qué se convierte un padre que no cumple con las consecuencias advertidas? En un MENTIROSO; y eso justamente aprenden nuestros hijos, a mentir, y a prometer sin cumplir, al fin que no pasa nada.

3.- TÚ LES DICES A TUS HIJOS QUE SON ESPECIALES.

Quizás no vas a estar de acuerdo conmigo en esto, créeme que a mí también me resultó difícil entenderlo y aceptarlo, pero es una realidad. Si tú eres de los que actualmente cree que su pequeño ángel es especial, lamento decirte que no lo es; si tú les dices a tus hijos constantemente que son especiales, los perjudicas más que ayudarlos.

Tu hijo es especial para ti y solo para ti, no lo es para nadie más. Tu hijo nació con todo tu amor y verlo crecer es toda una maravilla, sin embargo cuando crece y cruza tu puerta para ir a la escuela, él, solo es un niño más en la lista de la escuela, y no hay nada de especial acerca de él.

En el mundo real, tu hija no es una princesa, ni tu hijo un príncipe, sólo es un niño más. Los hijos deben entender y aprender a crecer sabiendo que al instante que dejen tus amorosos brazos y entren al mundo real, nadie los amará por la única razón de que ellos existen, como lo haces tú.

4.- TÚ HACES QUE TUS HIJOS SEAN LA COSA MÁS IMPORTANTE EN TU VIDA.

Ellos no lo son. Yo sé que tú piensas que lo son pero no es así; cuando tú dejas pensar a tus hijos que son la persona más importante en tu vida, ellos aprenden a manipularte y tú terminarás haciendo lo que ellos digan.

Tus hijos son importantes, no me mal entiendas, tus hijos deben ser amados incondicionalmente; pero los padres que ponen por encima de todo, la felicidad de sus hijos y sacrifican su propia vida y algunas veces su matrimonio también, entonces cuando acabe la labor como padre, tus hijos crecerán y te dejarán, e irán en busca de su propia felicidad y tú te quedarás únicamente con tu esposo (a), en el mejor de los casos.

Si todo tu tiempo y energía lo gastas únicamente en tus hijos, cuando ellos se vayan tú no tendrás la certeza de que tu compañero(a) estará contigo; esa es una de las razones porque hay divorcios luego de que los hijos se van, pues la única cosa en común que tenían eran los hijos, y nunca trataron de alimentar el amor marital como lazo de unión.

Esto mismo pasa con las madres y padres solteros, ellos gastan todo su tiempo y energía en sus hijos, sacrifican su propia vida, pensando que lo mejor es servirlos y poner su vida “en espera” mientras los ayudan a madurar, pero después los hijos se van y ellos se quedan solos sin compañero(a) con quien envejecer juntos, por lo general terminan tratando y viendo a su hijo de 50 como si fuera de 4 años.

5.- FALLAMOS AL ENSEÑARLES LA DIFERENCIA ENTRE DERECHOS Y PRIVILEGIOS.

Los hijos tienen entre otros los siguientes derechos: a la vida, a jugar, a la libertad de opinar, a una familia, a la protección contra el trato negligente, a la alimentación, a ser amados, a recibir educación, etc. Los privilegios son concesiones ganadas por una acción determinada; a nuestros hijos les compramos cosas, por ejemplo: lo más actual en videojuegos, o ropa o zapatos de marca, o una mascota, e incluso los llevamos al cine o a vacacionar, les compramos celulares, etc, etc. y todo gratis, a cambio de nada. Hoy te digo que aunque te sobre el dinero para complacer a tu hijo, tienes que enseñarle a ganárselo; él tiene que saber que las cosas que le gustan, cuestan y hay que pagar un precio por ellas. Incluso estas cosas te ayudarán en la negociación de actitudes y comportamientos.

6.- TRABAJAS EN EL AUTOESTIMA DE TU HIJO.

La palabra autoestima es una palabra compuesta. Auto: uno mismo, y estima: amor, o sea, amarse a uno mismo. Tú no le puedes proporcionar una valoración positiva de él mismo, porque confundimos el animarlos y apoyarlos con aumentar su autoestima y cambiamos la regla de “si tiene alta autoestima tendrá éxito en todo”, pero en realidad es al revés “si tiene éxito en todo, aumentará su autoestima”. Así que si quieres que tengan autoestima alta, enséñale a alcanzar sus éxitos. A que luche por ellos, porque todo cuesta esfuerzo, dedicación y perseverancia.

Espero que estos comentarios te ayuden a entender el por qué a veces le pedimos peras al olmo, si en realidad cosechamos lo que sembramos.

Fuente: Padres Al Rescate De Los Valores

 

Les comparto una información que me parece bastante buena y que es necesario que como padres tengamos presente todo el tiempo, esta información fue tomada de la página Pajaritos News

Deja de dejar a tus hijos con los novios que apenas conoces, deja de dejar que cada miembro de la familia los cuide porque es gratis. El abuso de menores, la violación, el secuestro, el maltrato, etcétera, es real y es una herida que nunca sanará.

 

  • Los niños no deben ir a la tienda solos.
  • Los niños no se quedan en el auto en lo que bajas rápido a comprar algo (aunque este cerquita) •Los niños no se deben acostumbrar a andar con cualquier persona.
  • Los niños no deben salir a jugar sin supervisión.
  • El hermano mayor no debe cuidar a sus hermanitos. No es su responsabilidad.
  • Los niños no deben estar en un ambiente dónde se consuma alcohol (aunque esté tranquilo) nunca.
  • Los niños no deben estar cerca de personas inestables o con malas costumbres.
  • Los niños no deben dormir en una y otra y otra casa.
  • Los niños no deben convivir con todos los amigos de papá o mamá, no es necesario; no todos son buenas personas.
  • Ellos no tienen la decisión en sus manos.
  • Ellos no saben de peligro.
  • Ellos no saben de maldad.
  • Ellos no saben de odio.
  • Ellos no saben que existen personas con malas intenciones.

~Los niños son inocentes, son ingenuos~ ¡Son Niños!~ Nuestra responsabilidad es protegerlos de todo y de todos, aunque no sean nuestros propios hijos.

Los tiempos que ahora viven los niños, nunca serán los mismos de cuando nosotros fuimos pequeños.

Cuidemos de los niños siempre!

“Los días ordinarios”

 

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.

 

Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes, y se mecían en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.

 

Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro. Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

 

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado. El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.

 

Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer, y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.

 

Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

 

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día: se cierra. Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya, y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.

Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estas parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás. Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

 

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada.

 

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

 

Te dice “qiubo ma” y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares leche, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

 

Te recuerdas a ti misma, que habrá que dejarlos ir y practicas el arte de vivir el presente. Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

 

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en vez de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno, por que en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente.

 

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, se han ido ya. La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

 

Entonces miro a mi esposo, sentado en la mesa del antecomedor, que de pronto se hizo muy grande para dos, y me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de albums con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar; los que desearía volver a vivir, son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

 

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

 

Inspirado en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

 

La vida está ahí, en ese momento que te pasó de noche porque te parecía común y ordinario.

Como cuando ibas a la Universidad y te quejabas de lo pesado que era la vida de estudiante y ahora ves que tus problemas de entonces no eran nada.

Como cuando tu hijo se sube encima de ti un domingo a las siete de la mañana y tú te molestas, pero cuando es adolescente, entonces extrañas que te busque al despertar.

La vida está ahí, en contemplar las estrellas y la luna sin importar si está llena o no. En ver las montañas o en subirlas cuando tienes la osadía de hacerlo.

Está en la posibilidad que hoy tienes de pensar y decidir.

En ese ir al trabajo del que a veces te quejas pero que cuando no lo tienes, entonces, lo añoras.

La vida está ahí cuando amaneces al lado de esa persona con la que elegiste estar.

Está en los domingos que pasas en familia y te parecen rutinarios, hasta que alguien de esos seres deja de estar y caes en la cuenta que nada ni nadie es eterno.

La vida está en esas noches eternas con los amigos queriendo arreglar el mundo. En esas horas en las que hablar, reír a carcajadas o sentirte escuchado cambiaron tu estado de ánimo y dejaste de ahogarte en un vaso de agua.

Está en los besos, en los abrazos y en las miradas que lo dicen todo sin decir nada.

La vida está ahí cuando cantas sin importar cómo te escuches y cuando bailas sin importar quién te ve.

Está en tus momentos a solas, cuando descansas, y cuando te ríes solo en complicidad contigo recordando algo que sucedió, o cuando te permites llorar, sentir y conectarte con tus emociones.

La vida está ahí en el sencillo acto de respirar, moverte, hablar…

He aprendido que la clave de disfrutar la vida está en que no esperemos mucho de ella o en darnos cuenta que lo “mucho” que tanto esperamos ya lo tenemos, pero nos falta notarlo. En notar que lo ordinario es lo más extraordinario que existe.

Aunque parece que vivir es una costumbre, una de las claves de la vida para en realidad disfrutarla, creo que es nunca acostumbrarnos a ella.

 

De pronto nos damos cuenta que ya es fin de semana y no sabes que harán todos, no planearon realmente esos días que son un poco para relajarse y mucho de convivir,  un tip  para que disfrutar juntos en familia esos días es tomar un día en  la semana para planear su fin.

Inicien preguntando  a sus hijos como les gustaría divertirse, planeen sábado y domingo, busquen actividades culturales, visitar un museo, una exposición, caminar por un parque, ir por un helado, cocinar juntos, no necesitas invertir mucho dinero, lo que si necesitas invertir es tiempo y  tiempo de calidad, aprovechen todo lo que hagan juntos, es un excelente momento para escuchar que les gusta a tus hijos, como les fue en la semana, que experiencias tuvieron, en fin, poder conocerlos todavía más y que en ocasiones por las prisas durante la semana no podemos ahondar más.

Lo más importante como siempre es dedicarles en realidad calidad en los momentos juntos, recuerda que cuando ellos crezcan siempre recordarán estos momentos en dónde disfrutaron en familia momentos y experiencias divertidas.