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No, no te haces mamá en el momento de parir o pasar por una cesárea (tampoco suenan campanitas celestiales ni flotan angelitos a tu alrededor mientras miras a tu hijo con ojos ilusionados en una cama de hospital, aceptémoslo)… te vas haciendo mamá con el paso de los días, cuando deja de ser importante pasarte un peine por la cabeza o vestir bien y cuando descubres que eres más fuerte de lo que creías porque sin importar el cansancio o el dolor, al primer conato de llanto sales corriendo a atenderlo.

Te haces mamá con su primera sonrisa, su primer diente, su primer balbuceo y sus primeros pasitos vacilantes. Te haces mamá cuando no puedes evitar las lágrimas al verlo con su primer uniforme y acompañarlo en sus primeras tareas, que te dejan las manos tiesas de papel y pegamento. Te haces mamá cuando te mira, cuando te abraza con sus bracitos regordetes y en cada noche en vela que pasas cuando está enfermo.

Te haces mamá cuando descubres que ha empezado a construir sus propias redes sociales lejos de ti y deseas con todo el corazón haberlo educado para que actúe como un ser humano empático y generoso. Te haces mamá cuando aprendes a hablar por teléfono por encima de sus gritos y a caminar en una zona minada de juguetes. Te haces mamá en cada bailable, cada 7 y cada 10 y cuando vas descubriendo sus primeros sueños y sus primeras determinaciones. Te haces mamá cuando te sientes feliz por sus triunfos y lamentas con el alma no poder ayudarlo a superar sus derrotas. Te haces mamá cuando lo ves estirarse, que le cambie la voz o que le crezcan cosas que antes no estaban ahí, y te das cuenta, con ternura, que poco a poco está abandonando la niñez. Te haces mamá, aún más, cuando tu hijo te reta, se rebela, te pide espacio y te confronta, y lloras las lágrimas más dolorosas de tu vida, pero entiendes que en la búsqueda de su propia individualidad tiene que romper el vínculo que antes los unía… y te consagras como mamá en el momento que echas mano de toda tu entereza para no acobardarte y dejarlo partir a construir sus propios mundos… . y allá afuera, cuando lo ves convertido en adulto, es entonces cuando seguramente entiendes por qué la palabra mamá tiene ese carácter sublime…

 

 

Hijo, cuando supe que serías hombre me imaginé erróneamente que la tendrías fácil, por que no conocía de las luchas que los hombres por ser hombres en nuestra cultura deben vivir.

Quiero así que sepas cosas que no por que las diga yo son verdades, sino por que la vida así es, y quiero que lo vivas y lo aprendas por ti mismo sólo siendo estas palabras tu guía.

  1. Ya eres hombre biológicamente , no necesitas demostrárselo a nadie. Naciste con un pene y testículos y nada de lo que hagas o dejes de hacer va a cambiar eso. “Si eres hombre haz esto…”, “demuestra que tienes hue..s” son frases dichas por gente ignorante que no sabe de anatomía.
  2. Los seres humanos lloran y sienten. Si te pegas, llora, si te duele, llora, si te enoja o molesta o emociona, llora. Las lágrimas sirven para desahogarnos y sentir nos permite ser humanos. Ninguna emoción o expresión de ella es indigna ni poco apta para tu sexo.
  3. Tu fuerza no radica en qué tanto o a quién molestes o pegues, sino en lo fuerte de tu espíritu. No eres mejor ni peor ni superior o inferior a nadie, eres tú y eres único y la violencia contra quien sea es el recurso de los débiles. Hay mil maneras de arreglar una situación antes de los golpes, y si estas no funcionan, defiéndete como último recurso y cuéntaselo a alguien más lo que ocurre.
  4. No sufras en soledad. Hablar sobre lo que te ocurre es para todos y todas, la familia estará siempre ahí para ti, te queremos y nos ocupa y preocupa lo que vivas y pueda molestarte.
  5. Tú decidirás qué quieres ser y a quién quieres amar. Mi único fin en la tierra es verte crecer y alcanzar tu felicidad y lucharé para que tus derechos y deseos sean respetados siempre y cuando respetes los derechos y deseos de los que están a tu alrededor.
  6. El valor de las personas no radica en cómo se ven ni qué cosas materiales poseen. Dale valor al alma y a las buenas conversaciones. Aprende a apreciar a todos, por que la vida da lecciones desde todos los frentes si estás dispuesto a escuchar.
  7. Nada de lo que elijas hacer es poco o no apto para ti. Baila, haz cosas con tus manos, aprende a cocinar, coser, tejer, cambia llantas y baña perros, pinta flores y canta óperas. Los que opinen que no es para ti no te conocen y están más preocupados en seguir las reglas de una sociedad que está muriendo, tu vive y permítete vivir.
  8. El rosa es un color y es para tí también . No hay colores para niñas y niños, sólo colores. Así hay juguetes y son para todos. No dejes que nadie te diga qué usar o con qué jugar y no quieras imponer a nadie que use ciertos colores o juegue con ciertos juguetes.
  9. Los seres humanos no son cosas ni objetos ni monedas, son seres humanos. Respeta a todas las mujeres y a todos los hombres. No es no y no tienes el derecho de traspasar el derecho personal de nadie ni obligar a nadie a nada.
  10. Ámate mucho y ama a los tuyos. Amar es humano.
  11. Protege a todos, incluso cuando piensen diferente a ti.
  12. Sé feliz y acuérdate que esa es tu principal tarea en ésta vida y se trabaja en ella diario. Haz lo que ames, lee mucho y observa la naturaleza en vivo, no sólo en la televisión.
  13. Limpia tu desorden. Aprende a barrer, trapear, lavar y ayudar en casa. Algún día vivirás solo y tendrás que hacerlo por ti mismo. Cuida donde vivas y donde duermas y lo que uses al vestir. Honra el esfuerzo de tus padres en darte casa y comida y procura las cosas por que cuesta mucho comprarlas.
  14. Las mujeres son más que todas las que veas desnudas y “perfectas” en las revistas y la televisión. La hermosura radica en la combinación entre defectos y virtudes y quien sabe apreciar la verdadera belleza siempre estará rodeado de ella toda su vida. Cuando damos más importancia a lo que el ojo ve nos vaciamos por dentro.

 

Recuerda que para mí eres la vida y espero encontrar en mí la fuerza y coraje para hacer de ti un hombre respetuoso y amoroso con su entorno.

Te amo siempre.

 

No traten de disipar mi dolor con grandes regalos y diversiones. Me duele el corazón y éste no sana con risas sino con caricias. Todo lo que necesito es la garantía de que, aunque estén separados, ninguno de los dos me abandonará

Díganme con palabras y actitudes que puedo seguir amándolos a los dos y ayúdenme a mantener una relación estrecha con ambos. Después de todo, fueron ustedes quienes se escogieron mutuamente como mis padres.

No me pongan de testigo, de árbitro ni de mensajero en sus peleas y conflictos. Me siento utilizado y responsabilizado por arreglar un problema que no es mío. Tengan en cuenta que todo lo que hagan para perjudicarse mutuamente, quiéranlo o no, en primer lugar me lastimará personalmente a mí.

No se critiquen ni se menosprecien delante de mí, así todo lo que digan sea la verdad. Entiendan que por malos que hayan sido como esposos, son mis padres y por lo tanto yo necesito verlos a ambos como lo máximo.

No peleen a ver cuál se queda conmigo, porque no soy de ninguno, pero los necesito a los dos. Recuerden que estar conmigo es un derecho, no un privilegio que tienen ambos y que tengo yo.

No me pongan en situaciones en que tenga que escoger con quién irme, ni de que lado estoy. Para mi es una tortura porque siento que si elijo a uno le estoy faltando al otro, y yo los quiero y los necesito a los dos.

Díganme que no tengo la culpa de su separación, que ha sido su decisión y que yo nada tengo que ver. Aunque para ustedes esto sea obvio, yo me culpo porque necesito conservar su imagen intacta, y por lo tanto, el único que puede haber fallado debo ser yo.

Entiendan que cuando llego furioso después de estar con mi padre/madre, no es porque él/ella me envenene sino que estoy triste y tengo rabia con ambos porque ya no puedo vivir permanentemente con los dos.

Nunca me incumplan una cita o una visita que hayan prometido. No tienen idea de la ilusión con la que espero su llegada, ni el dolor tan grande que me causa ver nuevamente que han fallado.

Denme permiso de querer a la nueva pareja de mi padre/madre. Aunque en el fondo del alma me duele aceptarla, yo quiero ganármela para no perder al padre/madre que pienso que me dejó por ella.

No me pidan que sirva de espía ni que les cuente cómo vive o qué hago con mi otro padre. Me siento desleal para con él, y no quiero ser un soplón.

No me utilicen como instrumento de su venganza, contándome todo lo “malo” que fue mi padre/madre. Lo único que con seguridad lograrán es que me llene de resentimiento contra quien trata de deteriorarme una imagen que necesito mantener muy en alto.

Asegúrense que comprendo que aunque su relación matrimonial haya terminado, nuestra relación es diferente y siempre seguirá vigente. Recuerden que aunque la separación pueda constituir para ustedes una oportunidad para terminar con un matrimonio desdichado o para establecer una nueva relación, para mí constituye la pérdida de la única oportunidad que tengo para criarme al lado de las personas que más amo y necesito: mi papá y mi mamá…

Su hijo

No, no te haces mamá en el momento de parir o pasar por una cesárea (tampoco suenan campanitas celestiales ni flotan angelitos a tu alrededor mientras miras a tu hijo con ojos ilusionados en una cama de hospital, aceptémoslo)… te vas haciendo mamá con el paso de los días, cuando deja de ser importante pasarte un peine por la cabeza o vestir bien y cuando descubres que eres más fuerte de lo que creías porque sin importar el cansancio o el dolor, al primer conato de llanto sales corriendo a atenderlo. Te haces mamá con su primera sonrisa, su primer diente, su primer balbuceo y sus primeros pasitos vacilantes. Te haces mamá cuando no puedes evitar las lágrimas al verlo con su primer uniforme y acompañarlo en sus primeras tareas, que te dejan las manos tiesas de papel y pegamento. Te haces mamá cuando te mira, cuando te abraza con sus bracitos regordetes y en cada noche en vela que pasas cuando está enfermo. Te haces mamá cuando descubres que ha empezado a construir sus propias redes sociales lejos de ti y deseas con todo el corazón haberlo educado para que actúe como un ser humano empático y generoso. Te haces mamá cuando aprendes a hablar por teléfono por encima de sus gritos y a caminar en una zona minada de juguetes. Te haces mamá en cada bailable, y cuando vas descubriendo sus primeros sueños y sus primeras determinaciones. Te haces mamá cuando te sientes feliz por sus triunfos y lamentas con el alma no poder ayudarlo a superar sus derrotas. Te haces mamá cuando lo ves estirarse, que le cambie la voz o que le crezcan cosas que antes no estaban ahí, y te das cuenta, con ternura, que poco a poco está abandonando la niñez. Te haces mamá, aún más, cuando tu hijo te reta, se rebela, te pide espacio y te confronta, y lloras las lágrimas más dolorosas de tu vida, pero entiendes que en la búsqueda de su propia individualidad tiene que romper el vínculo que antes los unía… y te consagras como mamá en el momento que echas mano de toda tu entereza para no acobardarte y dejarlo partir a construir sus propios mundos… . y allá afuera, cuando lo ves convertido en adulto, es entonces cuando seguramente entiendes por qué la palabra mamá tiene ese carácter sublime…