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Sabías que lo que comemos no solo afecta como nos sentimos, si no también  nuestra manera de comer, una de las mayores preocupaciones de los padres y en especial de las madres  es el que nuestro  hijo disfrute los alimentos nutritivos y  sanos, sin embargo en muchas ocasiones esta preocupación hace que el momento de la comida se convierta en un momento tenso para todos y sin darnos cuenta hacemos que el vinculo que existe entre alimentación y emoción no sea el más adecuado, te has puesto a pensar que es lo que muchas veces sin saberlo mandamos de mensaje a nuestros hijos y que les quedará en ocasiones en su memoria, además de esto una pregunta importante es saber ¿cuánta cantidad? deberíamos darle a nuestro hijo y que variedad para que se nutra,  de esto y mucho más hablaré  en mi próximo taller que se llevará a cabo el miércoles 7 de noviembre  en la Ciudad de México en Prime Blend Store, ubicada en Palmas #100, en Lomas de Chapultepec, si te gustaría asistir y conocer la recomendación por parte de la nutrióloga  Verónica Obregón  para la alimentación de tu hijo, además ver la preparación por parte del Chef Quezadas  de  alimentos que se vean apetitosos y que además sean sanos, no dudes en contactarnos a través del correo ventas@matariledigital.com

Grace

¡Porque te puedo asegurar que la mía lo era…! Es más… ¡Yo tuve la madre más malvada de todas!

Mientras que otros niños comían dulces en el desayuno, nosotros teníamos que comer cereal, huevos y leche. Mientras que otros niños llevaban una gaseosa y un alfajor para el recreo, nosotros llevábamos sándwiches caseros. (Ya te imaginarás que la comida que nos preparaba mi madre era totalmente diferente a la que comían otros niños). Mi madre insistía en saber dónde estábamos a todas horas. Se diría que éramos prisioneros. Ella tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y qué era lo que hacíamos cuando estábamos con ellos. Además, insistía en que, si decíamos que íbamos a estar fuera una hora, teníamos que regresar a la casa en una hora o menos. Aunque a mí y a mis hermanos nos avergonzaba admitirlo, nuestra madre violaba la Ley del Trabajo de Menores y nos hacía lavar los platos, tender las camas, aprender a cocinar, barrer el piso, lavar nuestra ropa, tirar la basura y todo tipo de trabajos inhumanos. Es más, todos los hermanos pensábamos que se pasaba las noches en vela, inventando nuevas cosas que nos iba a obligar a hacer al día siguiente.

 

Siempre nos molestaba con que teníamos que decir siempre la verdad. Es más, creo que cuando éramos adolescentes era capaz de leer nuestra mente. ¡Y después las cosas se pusieron peores! Mi madre nunca permitió que nuestros amigos sencillamente tocaran la bocina del coche cuando estaban frente a la casa para que saliéramos. ¡¡No!! ¡Tenían que entrar a casa para que ella pudiera conocerlos…! Mientras que todos mis conocidos podían salir con sus “amigas” y “amigos” desde los 12 o 13 años; nosotros teníamos que esperar hasta haber cumplido los 16 años. Es triste decirlo; pero por culpa de nuestra madre perdimos muchísimas experiencias que otros jóvenes normales pueden vivir… A ninguno de nosotros nos sorprendieron robando algo en el almacén, o dañando propiedad ajena; es más, ni siquiera nos arrestaron por algún crimen menor. Eso fue culpa de mi madre.

Y ahora que ya no vivimos con mamá, todos nosotros somos adultos honestos y responsables. Y (tengo que reconocerlo) todos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para ser malos con nuestros hijos, tal y como mamá lo fue con nosotros.

A decir verdad; creo que eso es lo que está mal con el mundo… ya no hay suficientes malas madres…