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Tu hija va a expresar sus sentimientos si es que se siente escuchada por ti, va a buscar mejorar día a día si tiene la oportunidad de ver  ese ejemplo de ti, va a caminar viviendo la vida plenamente si le contagias esas ganas de vivir.

Querido papá, tu hija valora ante todo tu opinión (aunque no lo exprese o no lo transmita). Es por eso esencial que tu opinión venga siempre con palabras que den vida y no críticas que destruyan o la hagan sentir menos . Que sea con autoridad y sinceridad pero con tu amor incondicional siempre a la vista, demostrando que tu mayor deseo es su felicidad y crecimiento.

Querido papá, tu presencia desde el instante en que nace tu hija es fundamental, tal vez no eres quien le das el alimento esencial a su cuerpo en los primeros meses, pero sí eres quien puede darle ese alimento al alma que solo puede brindar tu caricia, tu presencia y tu voz grave que dan seguridad y tranquilidad.

Querido papá, muchas veces tu practicidad y tu simpleza masculina puede salvar a tu hija de ahogarse en un vaso de agua de emociones, sentimientos y confusiones. Es sumamente necesario que compartas tu visión simple de las cosas y tu habilidad de darle a cada cosa la importancia que le corresponde.

Querido papá, si bien tu hija necesita un mensaje unido de parte tuya y de su mamá, ¡no necesita dos mamás, sino un papá y una mamá! Por eso sé fiel a ti mismo y regálate lo más posible a tu hija, que ella sabrá valorarlo y agradecértelo porque un papá para una hija es y será una parte de ella misma: ¡está en tus manos que sea una parte llena de amor y luz y gratitud!

Querido papá, vas a ser su primera imagen de cómo un hombre trata a una mujer, por eso sé cariñoso con su mamá, sé respetuoso, muy romántico, agradecido y atento con ella por ser quien es y por lo que hace por tu hija y familia.

En realidad querido papá simplemente eres indispensable para ella, eso nunca lo olvides.

Llegué a la conclusión que NO!!!..

Nos casamos, formamos una familia, somos felices unos años pero la gente cambia, y no siempre en el mismo sentido. Es ahí donde muchas veces el amor se acaba. La gente dice: “Fracasó en su matrimonio” pero en realidad en muchas ocasiones es aceptar cerrar un círculo hermoso de la vida para dar espacio a la libertad y no vivir en un engaño.

 

Fracaso es jugar a “la familia feliz”.

Fracaso es engañar a tu pareja, a tus hijos, y lo más grave…a ti mismo!!!

Fracaso es quedarse por conveniencia.

Fracaso es manipular a tu pareja con los hijos.

Fracaso es vivir una vida gris.

Fracaso es no llegar feliz a tu casa cada noche.

Fracaso es mendigar el amor de quién ya no te ama.

Fracaso es fingir que amas.

Fracaso es quedarse por miedo a la soledad.

Fracaso es vivir con reglas absurdas sociales o religiosas por miedo al “qué dirán”.

Fracaso es NO TENER EL VALOR DE LUCHAR POR TU FELICIDAD!!!

Fracaso es creer que el AMOR NO EXISTE…

 

Un divorcio con madurez es respetar al padre o madre de tus hijos para toda la vida!!!

Es saber convivir en familia tantas veces sea posible sin ataduras ni compromisos, solo por gusto!!!

Un aplauso a todos los que han tenido el valor de no vivir en el fracaso.

Y una ovación de pie a los que siguen felices y enamorados después de tantos años!!!

Lucha por tu matrimonio, pero cuando ya no haya por qué luchar LUCHA POR TU FELICIDAD!

 

Tomado dw FB BUENA LUNA

Me meto a duchar y te enojas mucho. Llanto y grito desbordante.

Te hablo mientras me apuro, no escuchas, no puedes escucharme desde tu rabia.

Me salgo, seco y visto medio mojada. Sigues gritando y llorando.

Mi propia rabia ya está aquí, la siento en mi piel, en mis manos. Y en mi mente me veo pegándote.

Mi propia pataleta está aquí. Mi instinto dice “ataca o huye”. Decido huir, quedarme a tu lado es peligroso para ti. La rabia la siento en mis manos y la veo en mi mente.

No me dejas huir. Gritas, lloras con más fuerza, me tiras el calzón. Estás absolutamente desbordado. Tu pataleta gigante está aquí.

Te tomo en brazos por amor. Por amor decido quedarme en circunstancias que sólo quiero atacar o huir.

Te tomo y te siento en mi cadera sin mirarte. Siento demasiada rabia para mirarte. Sólo quería ducharme, 3 minutos, ¿No podías esperar 3 minutos?

Siento tu mirada intensa posada en mí. No quiero ni mirarte, pero te miro.

Tu carita expectante e interrogadora. Tu mirada busca contacto y también respuestas.

Encontrarme con tu mirada regula mi propia pataleta, mi rabia y frustración. Ya no quiero huir, no quiero atacar, quiero quedarme contigo, y responder con sensibilidad a lo que sientes.

Te miro, saco la dureza de mi cara y te sonrío. En un segundo, cambias tu mirada, la relajas y ya no buscas respuestas.

Apoyas tu cabeza en mi hombro y sollozas acurrucado.

Y pienso, ¿Por qué no te acogí antes? ¿Por qué no fui más oportuna al responder? ¿Por qué no acompañé tu pataleta desde el principio?

Y me respondo, porque sentí rabia de no poder ducharme, porque me frustré que no me escucharas. Porque me enojó que te enojaras. Porque mi pataleta no dejó espacio para regular la tuya.

Sentémonos mejor, acurrucados. Respiremos al mismo compás.

Y reflexiono, lo mismo que me da vueltas siempre, ¿Por qué no te dicen que siempre, o casi siempre, al acompañar la pataleta de tu hijo deberás también regular la tuya? ¿Y quién me abraza a mi ahora?

Mejor sigamos acurrucados.

Y concluyo, debería existir una playera que diga “Abrázame, tengo un hijo de 2 años”.

 

Autor: Blanca García

Extraído de 9 Lunas

No, no te haces mamá en el momento de parir o pasar por una cesárea (tampoco suenan campanitas celestiales ni flotan angelitos a tu alrededor mientras miras a tu hijo con ojos ilusionados en una cama de hospital, aceptémoslo)… te vas haciendo mamá con el paso de los días, cuando deja de ser importante pasarte un peine por la cabeza o vestir bien y cuando descubres que eres más fuerte de lo que creías porque sin importar el cansancio o el dolor, al primer conato de llanto sales corriendo a atenderlo.

Te haces mamá con su primera sonrisa, su primer diente, su primer balbuceo y sus primeros pasitos vacilantes. Te haces mamá cuando no puedes evitar las lágrimas al verlo con su primer uniforme y acompañarlo en sus primeras tareas, que te dejan las manos tiesas de papel y pegamento. Te haces mamá cuando te mira, cuando te abraza con sus bracitos regordetes y en cada noche en vela que pasas cuando está enfermo.

Te haces mamá cuando descubres que ha empezado a construir sus propias redes sociales lejos de ti y deseas con todo el corazón haberlo educado para que actúe como un ser humano empático y generoso. Te haces mamá cuando aprendes a hablar por teléfono por encima de sus gritos y a caminar en una zona minada de juguetes. Te haces mamá en cada bailable, cada 7 y cada 10 y cuando vas descubriendo sus primeros sueños y sus primeras determinaciones. Te haces mamá cuando te sientes feliz por sus triunfos y lamentas con el alma no poder ayudarlo a superar sus derrotas. Te haces mamá cuando lo ves estirarse, que le cambie la voz o que le crezcan cosas que antes no estaban ahí, y te das cuenta, con ternura, que poco a poco está abandonando la niñez. Te haces mamá, aún más, cuando tu hijo te reta, se rebela, te pide espacio y te confronta, y lloras las lágrimas más dolorosas de tu vida, pero entiendes que en la búsqueda de su propia individualidad tiene que romper el vínculo que antes los unía… y te consagras como mamá en el momento que echas mano de toda tu entereza para no acobardarte y dejarlo partir a construir sus propios mundos… . y allá afuera, cuando lo ves convertido en adulto, es entonces cuando seguramente entiendes por qué la palabra mamá tiene ese carácter sublime…

 

 

“No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona”( How to Talk to Your Daughter About Her Body )

No le digas nada si adelgaza. No le digas nada si engorda.

Si crees que tu hija tiene un cuerpo espectacular, no se lo digas. Aquí tienes algunas cosas que sí le puedes decir:

“¡Se te ve muy sana!” es una frase genial.

O también “¡Qué fuerte estás!”

“Se nota lo feliz que eres: ¡estás resplandeciente!”

O mejor todavía, hazle un cumplido sobre algo que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Y tampoco digas nada sobre el cuerpo de otras mujeres. Nada. Ni una sola palabra, ni buena ni mala.

Enséñale a ser amable con los demás, pero también consigo misma.

Ni se te ocurra comentar cuánto odias tu cuerpo delante de tu hija ni hablar sobre tu nueva dieta. De hecho, no hagas dieta delante de ella. Compra y cocina productos saludables. Pero no digas nunca: “Voy a dejar de tomar carbohidratos durante algún tiempo”. Tu hija no debe pensar que los carbohidratos son malos porque si te avergüenzas de lo que comes acabarás avergonzándote de ti misma.

 

Anima a tu hija a correr porque así se libera estrés. Anímale a subir montañas porque no hay un sitio mejor para explorar la espiritualidad que en la cima del mundo. Anímale a hacer surf o escalada o a montar en bici de montaña si son cosas que le dan miedo porque a veces es bueno enfrentarse a los temores.

Haz todo lo posible por que le guste el fútbol o el remo o el hockey porque el deporte le ayudará a ser una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que, independientemente de la edad que se tenga, el trabajo en equipo es siempre necesario. Nunca le hagas practicar un deporte que no le encante.

Demuéstrale a tu hija que las mujeres no necesitan a ningún hombre para cambiar los muebles de sitio.

Enseña a tu hija a cocinar verduras.

Enseña a tu hija a hacer pasteles de chocolate con mantequilla.

Pásale la receta de tu madre del roscón de reyes. Incúlcale tu pasión por el aire libre.

Quizás tanto tú como tu hija tengáis unos muslos o un tórax anchos, y pudiera resultar fácil odiar estas partes del cuerpo. Ni se te ocurra. Dile a tu hija que con sus piernas puede correr un maratón si así lo desea, y que el tórax no es más que el armazón de unos pulmones fuertes y que si quiere, puede gritar, cantar y animar al mundo entero.

Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo como un vehículo para transportar su preciosa alma.

 

Sara Koppelkam

No traten de disipar mi dolor con grandes regalos y diversiones. Me duele el corazón y éste no sana con risas sino con caricias. Todo lo que necesito es la garantía de que, aunque estén separados, ninguno de los dos me abandonará

Díganme con palabras y actitudes que puedo seguir amándolos a los dos y ayúdenme a mantener una relación estrecha con ambos. Después de todo, fueron ustedes quienes se escogieron mutuamente como mis padres.

No me pongan de testigo, de árbitro ni de mensajero en sus peleas y conflictos. Me siento utilizado y responsabilizado por arreglar un problema que no es mío. Tengan en cuenta que todo lo que hagan para perjudicarse mutuamente, quiéranlo o no, en primer lugar me lastimará personalmente a mí.

No se critiquen ni se menosprecien delante de mí, así todo lo que digan sea la verdad. Entiendan que por malos que hayan sido como esposos, son mis padres y por lo tanto yo necesito verlos a ambos como lo máximo.

No peleen a ver cuál se queda conmigo, porque no soy de ninguno, pero los necesito a los dos. Recuerden que estar conmigo es un derecho, no un privilegio que tienen ambos y que tengo yo.

No me pongan en situaciones en que tenga que escoger con quién irme, ni de que lado estoy. Para mi es una tortura porque siento que si elijo a uno le estoy faltando al otro, y yo los quiero y los necesito a los dos.

Díganme que no tengo la culpa de su separación, que ha sido su decisión y que yo nada tengo que ver. Aunque para ustedes esto sea obvio, yo me culpo porque necesito conservar su imagen intacta, y por lo tanto, el único que puede haber fallado debo ser yo.

Entiendan que cuando llego furioso después de estar con mi padre/madre, no es porque él/ella me envenene sino que estoy triste y tengo rabia con ambos porque ya no puedo vivir permanentemente con los dos.

Nunca me incumplan una cita o una visita que hayan prometido. No tienen idea de la ilusión con la que espero su llegada, ni el dolor tan grande que me causa ver nuevamente que han fallado.

Denme permiso de querer a la nueva pareja de mi padre/madre. Aunque en el fondo del alma me duele aceptarla, yo quiero ganármela para no perder al padre/madre que pienso que me dejó por ella.

No me pidan que sirva de espía ni que les cuente cómo vive o qué hago con mi otro padre. Me siento desleal para con él, y no quiero ser un soplón.

No me utilicen como instrumento de su venganza, contándome todo lo “malo” que fue mi padre/madre. Lo único que con seguridad lograrán es que me llene de resentimiento contra quien trata de deteriorarme una imagen que necesito mantener muy en alto.

Asegúrense que comprendo que aunque su relación matrimonial haya terminado, nuestra relación es diferente y siempre seguirá vigente. Recuerden que aunque la separación pueda constituir para ustedes una oportunidad para terminar con un matrimonio desdichado o para establecer una nueva relación, para mí constituye la pérdida de la única oportunidad que tengo para criarme al lado de las personas que más amo y necesito: mi papá y mi mamá…

Para los hijos varones la figura materna es algo muy importante. El vínculo que se da entre madre e hijo es uno de los más preciados y especiales que una mujer pueda disfrutar. Cuando los hijos crecen y comienzan a poner su atención en “otras chicas” la mamá puede comenzar a experimentar algo parecido a los celos y puede volverse dominante y posesiva. Entonces aparece la idea de “no hay una mujer perfecta para mi hijo”.

Si no quieres llegar a convertirte en la horrible suegra de los chistes, hay que ir un paso adelante pues finalmente un día llegará otra mujer a quien él amará con todo su corazón. Para no perder la relación con tu hijo una vez que se case, sino mejorarla y crear una buena relación con tu futura nuera, es necesario que tu hijo sepa de tu boca estas cosas:

Tú amas a tu hijo tal y como es, por lo tanto, vas a amar todo aquello que él ame y eso implica estar decidida a amar a la mujer que él elija para ser su esposa, además de verla como tu hija , la cuidarás y protegerás como tal.

Tú siempre serás su mamá y muchas veces serás lo más parecido a su mejor amigo. Esto es, que puede confiar en ti, que lo escucharás pero siempre pensarás primero en el bienestar de tu nuera y tus nietos antes que el bienestar de tu propio hijo; que lo amas muchísimo, pero que una vez que sea un hombre casado, su lugar será su casa, no la tuya.

Que la mujer más importante en su vida es su esposa y no su mamá. Sus visitas y sus llamadas te hacen y te harán muy feliz, pero que amarás mucho más las visitas con los nietos y la familia completa a casa.

Voy a respetar tu espacio, tu independencia y a tu familia.

En mi casa no puedes hablar mal de tu esposa o tus hijos; no voy a opinar ni a favor ni en contra; no me voy a poner de tu lado ni voy a interferir en sus asuntos; no me pidas que oculte cosas a tu esposa, que le mienta y pierda su confianza.

Hace algunos años un viejo amigo y su esposa nos contaban de las cosas que les habían ayudado a establecerse y fortalecer su matrimonio. Este buen hombre mencionó que cuando él le mostró orgulloso a su madre el anillo de compromiso que había comprado para su novia, la madre le dijo: “ella se merece algo mucho mejor que esto, tú puedes esforzarte un poco más por ella” así que el joven devolvió el anillo y trabajó aún más hasta obtener un anillo digno de su esposa. Cada vez que él le contaba su madre de alguna dificultad en el matrimonio o en la vida, su madre le decía lo mismo: “tú puedes esforzarte un poco más por ella” y así lo ha hecho todos los días desde entonces. Cuando esa buena mujer falleció, dejó en herencia su propio anillo de compromiso a su nuera junto con las palabras: “Gracias por haber hecho de mi hijo un hombre bueno y feliz”.

La buena influencia de una madre en sus hijos varones ayudará a que no solo él, sino sus hijos y esposas sean felices, fortalecerá lazos y mantendrá generaciones unidas. Sé más inteligente y ve un paso adelante resguardando el amor.

Mientras tú creías que yo no estaba mirando, yo vi que:

  • Pegaste con un imán mi dibujo al refrigerador, por eso de inmediato quise hacer otro.
  • Le diste de comer a un gatito sin hogar, entonces entendí que a los animales hay que tratarlos con amor y respeto.
  • Preparaste mi pastel favorito especialmente para mi, así me di cuenta que los pequeños detalles ocultan mucho sentido.
  • Fuiste a visitar a tu amigo enfermo, y entonces entendí que las personas deben cuidarse mutuamente.
  • No niegas la ayuda a los necesitados, y comprendí que si tienes tiempo y dinero, hay que ayudar a aquellos que no lo tienen.
  • Tratas con mucho cuidado nuestra casa y a todos los que vivimos aquí, y entendí que cada persona debe cuidar lo que tiene y lo que quiere.
  • Incluso cuando te sientes mal, continúas cumpliendo con tus obligaciones, y me di cuenta de lo que significa la responsabilidad.
  • A veces no pudiste contener las lágrimas, y entendí que en la vida hay tristeza y dolor, y llorar es normal.
  • Nunca dejas de cuidar de mí , y yo quise cumplir todas tus expectativas y hacer todo lo posible para que te sientas orgulloso de mí.

Mientras tú creías que yo no estaba mirando, aprendía de ti la vida. Tomé tu ejemplo y traté de ser como tú.

En lo más profundo de mi alma estaba un pequeño adulto que se decía a sí mismo:

“Queridos padres, gracias por todo lo que he visto mientras creían que yo no estaba mirando”.

Nunca me proclame una Susanita, tal vez por eso no idealice el embarazo, ni el parto, ni la cantidad de hijos que iba a tener.

Lo único que sí sabía, es que de alguna u otra manera, yo iba a ser mamá.

Mas allá de la indescriptible experiencia de estar embarazada y dar a luz, yo quería hablar de ellos y no de mi.

Porque mamá te llaman ellos, porque a ser mamá te enseñan ellos. Porque soy de las que piensa que mamá no se nace, se hace.

Y desde el minuto uno que ponen al bebé en tus brazos, entiendes lo que tantas veces te repitieron, que no hay amor más grande que el amor a los hijos.

Ese amor que duele, que transforma, que inmortaliza. Ese amor que te hace mejor persona, que te hace más vulnerable.

No me acuerdo sí mi mamá me dio la teta o la mamadera, sí me dejaba llorar un poco, sí me daba de comer comida orgánica o fideos en paquete, pero sí me acuerdo de sus abrazos, de su atención, de su contención, de su incondicionalidad, de sus cuidados, de su confianza, de su refugio y de su calidez. Y eso quiero yo para mis hijos, no pretendo ser su persona favorita en el mundo, pero sí, que ellos sepan, que siempre serán las mías. Ellos y los hijos de mis hijos.

Yo quería, en este mundo de lazos descartables, un vínculo infinito, y eso te lo brinda un hijo, sin importar como llegue a tu vida, sí por tu vientre o por tu corazón.

Yo quería ser muchas cosas, algunas soy, otras lejos de serlas, pero la única que elegiría una y mil veces y jamás me voy a arrepentir, es la de ser mamá, porque eso era lo que yo de verdad y sin darme cuenta, más quería.

Dedicado a todas las mamás del mundo.