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Hace algunos  días tuve la oportunidad de leer un artículo que habla de nuestros  adolescentes de hoy, que en realidad para mi  son los adolescentes de siempre, con la misma cantidad de hormonas, creciendo de forma descontrolada, con rebeldía, buscando separarse de sus padres para poder encontrarse con ellos,  sin temor o miedo a los peligros, todo estas  características inherentes a la edad son y seguirán siendo las mismas, pero algo que no podemos dejar de ver es que lo que ha cambiado somos los padres de ahora, los padres que hoy estamos educando adolescentes y por supuesto esto ha hecho que  el resultado sea diferente.

Entonces muchos padres se preguntarán, ¿Cómo somos los padres de hoy? es importante que aquí en este momento si eres padre de un adolescente hagas un alto y reflexiones sobre los siguientes puntos

Tenemos  una necesidad por ser aceptados por nuestros hijos como no había sucedido antes a padres o abuelos.

Queremos ser los papás buena onda, los “amigos” de nuestros hijos olvidando así nuestro compromiso con ellos de sera algo mucho más importante y único Ser  padres.

Buscamos de manera incansable ser aceptados por ellos,  si además los amigos nos consideran “buena onda”  sentimos que somos los mejores del universo.

Aquí viene lo  importante, aun cuando sé que este tema es polémico,  mi única intención es recordar nuestra verdadera función como padres,  la cual es simplemente  “Ser padres”  y es tan importante y necesaria, necesitamos   ayudar a nuestros hijos a crecer con experiencias, permitirles pasar por momentos que los harán crecer, darles lo que les corresponde según la edad que tengan, es decir, no apresurarlos para que se vean como niñ@s grandes, o como jovencit@s, créanme que duran tan poco siendo pequeños que no deberíamos  presionarlos para que realicen actividades que no les corresponden por el simple hecho de que se ven “graciosos” o porque “todos sus amigos lo hacen”.

Justo  es dónde hay que estar atentos,  es decir,  para que sea mas clara, chicos de 11, 12, 13, 14 y 15 años en fiestas bebiendo alcohol , besándose , bailando provocativamente,  mi pregunta  directa a los padres ¿dónde estas tú como papá? No necesita a un amigo, necesita a su padre, llevaste a tu hijo a una fiesta, ¿preguntaste si habría alcohol? y si la respuesta fue positiva, hablaste con tu hijo o  peor aún, diste el alcohol en tu casa porque si no hay alcohol para la fiesta de tu hij@ nadie viene!!

Deja a tu hijo ser  un chico acorde a la edad que tiene, no busques querer pertenecer al grupo de sus amigos, ser el papá cool o buena onda, recuerda que  amigos  tiene varios y  padres solo a ustedes,  pon límites, dile  “NO” cuantas veces sea necesario y mejor  ahora que es un buen momento,   quizá después sea demasiado tarde, recuerda trata de ser papá, ejemplo y modelo que es justo lo que tus hijos  necesitan!!

Grace González

 

Los días ordinarios

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.

Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes, y se mecían en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.

Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro. Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado. El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.

Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer, y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.

Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día, se cierra. Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya, y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.

Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estás parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás. Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador ahora con cosas nutritivas o light, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada! Pues ya no hay orden.

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas, dudas si dijiste o no lo correcto. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

Te dice “qiubo ma” y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares lunch, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

Te recuerdas a ti misma que, habrá que dejarlos ir, que son prestados y practicas el arte de vivir el presente. Ahora buscas clases y cursos dónde inscribirte o asistes a todas las juntas de trabajo que antes cancelabas.

Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando, cuando se puede con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en lugar de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno,festejas sus logros y analizas cómo decirles lo que no deben hacer, porque en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente y tienes temor a esta etapa de “dejarlos volar”.

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, del grito de dónde está cualquier cosa ! se han ido ya.

La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

Entonces sentada en la mesa del antecomedor,o detrás de tu escritorio, me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de albums con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar; los que desearía volver a vivir, son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

 

Inspirado en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

 

A veces nuestros hijos nos lastiman, algunas sin querer otras a propósito, con su indiferencia, su rebeldía, su impotencia en comunicarse, su agresión, su violencia, sus actitudes e incluso nos lastiman con sus decisiones….con su imprudencia.

¡Que difícil es amarlos cuando están así!, sin embargo es el momento donde más nos necesitan, porque si no los amamos nosotros, quien los va amar..?

y si no es través del amor adulto, ordenado, duro, quién más se va tomar la molestia de contenerlos, corregirlos, enderezarlos y darle cauce a sus confusiones propias de su edad, su inmadurez e inexperiencia…

Así que cuando menos parezca que merecen nuestro afecto o nuestro cariño, es cuando más maduros debemos ser para abrazar su imperfección, ser magnánimos con ellos es la única salida.

Alex Lobo

Querida Mamá, querido papá:

Ésta es la carta que yo quisiera poder escribirte.

En este momento estamos en una lucha; una lucha compuesta de peleas, silencios, reclamos. Yo necesito esta lucha. No te lo puedo decir porque no tengo las palabras para hacerlo y si te explicase no tendría sentido alguno. Pero necesito esta lucha, la necesito desesperadamente. Necesito odiarte ahora y necesito que tú sobrevivas a mi odio y al odio que sientes por mí. Necesito esta lucha aunque la odio a ella también. No importa de qué se trate esta lucha: mi hora de llegada, la tarea, la ropa sucia, mi cuarto desordenado, el salir, el quedarme en casa, el irme, novio, novia, no tener amigos, mis amigos que son mala influencia. No importa el tema, yo necesito luchar contigo sobre ello y necesito también luches.

Desesperadamente necesito que sostengas el otro lado de la cuerda; que la sostengas con fuerza mientras yo la latigueo del otro extremo, mientras encuentro cómo sostenerme en este nuevo mundo que siento estoy entrando. Antes yo sabía quién era, quién eras tú, quiénes éramos “nosotros”, pero ahora no lo sé. Ahora estoy buscando mis contornos y a veces la única forma de encontrarlos es provocándote. Cuando empujo todo lo que antes sabía encuentro mi contorno, y es ahí donde siento que existo y por un minuto puedo respirar. Sé que añoras el niño(a) que fui, y a veces esa añoranza es demasiado dolorosa para mí ahora.

Yo necesito esta lucha y necesito ver que no importa que tan malos o grandes sean mis sentimientos, no te van a destruir. Necesito que me ames aun en mis peores momentos, aun cuando parece que yo no te amo. Necesito que te ames y me ames por los dos ahora. Sé que es horrible que a alguien no le caigas bien y que te etiqueten del malo. Yo me siento de la misma manera por dentro, pero yo necesito que tú lo toleres y que busques la ayuda de otros adultos, porque yo no puedo ahora. Si quieres reunirte con todos tus amigos adultos y tener una reunión de “sobreviviendo mi hijo adolescente” está bien; si necesitas hablar a mis espaldas, no me importa. Sólo no me des por perdido. No te rindas en esta lucha; la necesito.

Ésta es la lucha que me enseñará que mi sombra no es más grande que mi luz. Esta lucha me enseñará que los sentimientos malos u oscuros no significan el término de una relación. Esta lucha me enseñará a escucharme, aun cuando pudiera decepcionar a los demás.

Y esta lucha en particular llegará a su fin. Como cualquier tormenta, se calmará. Y yo olvidaré y tu olvidarás. Y regresaré. Y yo necesitaré que tú tomes la cuerda de nuevo. Yo necesitaré de ti del otro lado cuando esto termine y por muchos años.

Yo sé que no hay satisfacción inherente en este trabajo tuyo de ser padre, y lo más seguro es que yo no te agradeceré por hacerlo o que recibas algún reconocimiento por mi parte. Muy por el contrario probablemente te criticaré por todo el trabajo difícil que realizas y me parecerá que nada de lo que hagas es suficiente; y aun así cuento enteramente en tu habilidad de mantener esta lucha. NO importa cuanto te discuta. NO importa cuanto te insulte. No importa qué tan silenciosa sea esta lucha.

Por favor no sueltes el otro lado de la cuerda; no dudes que estás haciendo el trabajo más importante que alguien pudiera hacer para mí en este momento.

Con amor, Tu adolescente.

Autor desconocido

Hoy nos toca hablar un poco de los adolescentes, esta etapa que es calificada por muchos  como la más difícil, en donde ni ellos mismos pueden entender que quieren,  que necesitan, que les gusta o que no, lo que buscan, por  donde van.

No  pueden planear mas de un día, ya que para ellos no hay anticipación, ni miedo o temor  a nada, sin embargo no es la etapa más difícil como nos han hecho creer, simplemente que no siempre estamos preparados como padres para ella;  pasamos la infancia de nuestros hijos con altibajos, con niños que generalmente hacían caso, estudiaban, no necesitaban andar socializando tanto, podíamos compartir momentos con ellos , etc.,  de pronto en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos con una situación que no podemos comprender, algo nuevo para nosotros y es cuando nos  preguntamos  ¿ qué le ha pasado a nuestro hij@? ¿dónde está el niñ@ que disfrutaba a nuestro lado?  ese niño es el mismo  hasta hace algunos días  más tranquilo y obediente.

¿Te suena algo lo que leíste? si es así entonces surge una pregunta ¿habré hecho algo mal? O peor aún buscamos si es alguien o algo lo que lo está influenciando,   es importante que sepas que lo único que pasa es la adolescencia, este momento hermoso, donde nuestros hijos dejan de ser niños para iniciar el largo camino de convertirse en adultos , esta fase de rebeldía en donde su cuerpo no se conecta con sus pensamientos, en dónde se vuelven muchas veces torpes o lentos, en dónde necesitamos un elefante para alimentarlos y  dónde nosotros como padres no sabemos si amarlos o encerrarlos hasta que pase el ciclo.
Primero hay que entender que ellos no buscan pelear con nosotros, lo que nos dicen y aparentemente  nos retan no es para pelear, es para encontrarse ellos mismos, es descubrir de lo que son capaces, necesitan sentirse amados y escuchados, no regañados y enjuiciados, si con anticipación les diste límites y consecuencias ellos entenderán lo que se espera, recuerda que en este periodo tienes la oportunidad y es el último de resarcir algún daño hecho en la infancia, de hacerlos sentir seguros, autónomos e independientes,  así que empieza a  comunicarte con ellos y a amarlos como siempre, tu niño se ha ido y empieza a ser un joven.

Grace González

Hace un par de días tuve la oportunidad de leer un artículo que hablaba de los adolescentes de hoy, que en realidad para mí  son los adolescentes de siempre, con la misma cantidad de hormonas necesarias para continuar el desarrollo, la misma rebeldía y sin temor a nada, simplemente invencibles,  todas características inherentes a la edad,  aun así algo de lo que si ha cambiado somos los padres de ahora, por lo que el resultado es muy diferente.
A que me refiero con esto iniciemos preguntando ¿Como somos los padres de hoy? Mostramos una necesidad por ser aceptados por nuestros hijos como no había sucedido antes, queremos ser los papás buena onda, los “amigos” de nuestros hijos olvidando así nuestro compromiso con ellos de ser padres, un compromiso que solo nosotros  tenemos o  más aun, buscamos ser aceptados por ellos y si además los amigos nos consideran “buena onda” ya estamos hechos.
Es importante mencionar, porque de antemano se que se armará la revolución sobre este tema, que mi única intención es recordar a todos cual es nuestro función.
Ser padres, o mejor dicho, ayudar a nuestros hijos a crecer y darles lo que les corresponde según la edad que tienen, enseñarles y protegerlos,  no adelantarlos en  algo que no les corresponde, a que me refiero con esto,   chicos de 13, 14 y 15 años en fiestas con “amigos” bebiendo alcohol como adultos, besándose con el o la niña  que les atrae  solo por el calor de las copas, mi pregunta ahora si es directa para los padres ¿dónde estas?,  llevaste a tu hijo a una fiesta, ¿revisaste si habría alcohol? te informaste si habría un adulto responsable supervisando la fiesta,  O peor aún, fuste tu quien hizo la fiesta en casa y  diste el alcohol  porque si no hay alcohol para la fiesta de tu hij@ nadie vendría!!
Dejemos a nuestros hijos ser chicos acorde a la edad que tienen, no busquemos querer pertenecer al grupo de sus amigos, amigos tienen y muchos,  padres solo nosotros, pongamos límites, digamos NO, enseñemos a esperar  ahora que es un buen momento y no quizá después sea demasiado tarde, no olvides tu gran responsabilidad como padre,  eres ejemplo y modelo a seguir y más en esta edad que es cuando tus hijos más te necesitan!!
-Grace-