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A veces nuestros hijos nos lastiman, algunas sin querer otras a propósito, con su indiferencia, su rebeldía, su impotencia en comunicarse, su agresión, su violencia, sus actitudes e incluso nos lastiman con sus decisiones….con su imprudencia.

¡Que difícil es amarlos cuando están así!, sin embargo es el momento donde más nos necesitan, porque si no los amamos nosotros, quien los va amar..?

y si no es través del amor adulto, ordenado, duro, quién más se va tomar la molestia de contenerlos, corregirlos, enderezarlos y darle cauce a sus confusiones propias de su edad, su inmadurez e inexperiencia…

Así que cuando menos parezca que merecen nuestro afecto o nuestro cariño, es cuando más maduros debemos ser para abrazar su imperfección, ser magnánimos con ellos es la única salida.

Alex Lobo