Respira, serás padre o madre toda la vida, enséñale las cosas importantes, las de verdad.

A saltar en los charcos, a observar a los insectos, a dar besos de pajarito y abrazos de osos. No olvides esos abrazos y no se los niegues nunca, puede que dentro de unos años esos abrazos que añoras sean los que algún día no diste.

Dile cuanto lo quieres cada vez que lo pienses, déjalo llorar, llora con él, las paredes se pueden volver a pintar, los objetos se rompen y se reemplazan continuamente, los gritos de mamá y papá duelen toda la vida, puedes lavar los platos más tarde, mientras tu limpias el crece.

El no necesita tantos juguetes, trabaja menos y quiere más y sobre todo….

Respira, serás madre toda la vida.

El solo niño una vez.

 

Me meto a duchar y te enojas mucho. Llanto y grito desbordante.

Te hablo mientras me apuro, no escuchas, no puedes escucharme desde tu rabia.

Me salgo, seco y visto medio mojada. Sigues gritando y llorando.

Mi propia rabia ya está aquí, la siento en mi piel, en mis manos. Y en mi mente me veo pegándote.

Mi propia pataleta está aquí. Mi instinto dice “ataca o huye”. Decido huir, quedarme a tu lado es peligroso para ti. La rabia la siento en mis manos y la veo en mi mente.

No me dejas huir. Gritas, lloras con más fuerza, me tiras el calzón. Estás absolutamente desbordado. Tu pataleta gigante está aquí.

Te tomo en brazos por amor. Por amor decido quedarme en circunstancias que sólo quiero atacar o huir.

Te tomo y te siento en mi cadera sin mirarte. Siento demasiada rabia para mirarte. Sólo quería ducharme, 3 minutos, ¿No podías esperar 3 minutos?

Siento tu mirada intensa posada en mí. No quiero ni mirarte, pero te miro.

Tu carita expectante e interrogadora. Tu mirada busca contacto y también respuestas.

Encontrarme con tu mirada regula mi propia pataleta, mi rabia y frustración. Ya no quiero huir, no quiero atacar, quiero quedarme contigo, y responder con sensibilidad a lo que sientes.

Te miro, saco la dureza de mi cara y te sonrío. En un segundo, cambias tu mirada, la relajas y ya no buscas respuestas.

Apoyas tu cabeza en mi hombro y sollozas acurrucado.

Y pienso, ¿Por qué no te acogí antes? ¿Por qué no fui más oportuna al responder? ¿Por qué no acompañé tu pataleta desde el principio?

Y me respondo, porque sentí rabia de no poder ducharme, porque me frustré que no me escucharas. Porque me enojó que te enojaras. Porque mi pataleta no dejó espacio para regular la tuya.

Sentémonos mejor, acurrucados. Respiremos al mismo compás.

Y reflexiono, lo mismo que me da vueltas siempre, ¿Por qué no te dicen que siempre, o casi siempre, al acompañar la pataleta de tu hijo deberás también regular la tuya? ¿Y quién me abraza a mi ahora?

Mejor sigamos acurrucados.

Y concluyo, debería existir una playera que diga “Abrázame, tengo un hijo de 2 años”.

 

Autor: Blanca García

Extraído de 9 Lunas

 

Los días ordinarios

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.

Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes, y se mecían en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.

Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro. Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado. El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.

Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer, y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.

Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día, se cierra. Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya, y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.

Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estás parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás. Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador ahora con cosas nutritivas o light, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada! Pues ya no hay orden.

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas, dudas si dijiste o no lo correcto. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

Te dice “qiubo ma” y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares lunch, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

Te recuerdas a ti misma que, habrá que dejarlos ir, que son prestados y practicas el arte de vivir el presente. Ahora buscas clases y cursos dónde inscribirte o asistes a todas las juntas de trabajo que antes cancelabas.

Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando, cuando se puede con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en lugar de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno,festejas sus logros y analizas cómo decirles lo que no deben hacer, porque en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente y tienes temor a esta etapa de “dejarlos volar”.

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, del grito de dónde está cualquier cosa ! se han ido ya.

La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

Entonces sentada en la mesa del antecomedor,o detrás de tu escritorio, me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de albums con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar; los que desearía volver a vivir, son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

 

Inspirado en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

 

Se dice que sólo cuatro pedagogos del siglo XX revolucionarion la crianza de los niños. Son el americano John Dewey, el alemán Georg Kerschensteiner, la italiana Maria Montessori y el pedagogo de la entonces Union Soviética, Antón Makarénko.

María Montessori redactó cortos “mandamientos-recordatorio” para los padres de familia. Son sencillos, pero si lo piensas un poco más a fondo, en cada uno de ellos hay gran sabiduría en sólo algúnas palabras.

Los niños aprenden de lo que los rodea.

Si criticas mucho a un niño, él aprenderá a juzgar Si elogias con regularidad al niño, él aprenderá a valorar.

Si se le muestra hostilidad al niño, él aprenderá a pelear.

Si se es justo con el niño, el aprenderá a ser justo.

Si se ridiculiza al niño con frecuencia, él será una persona tímida.

Si el niño crece sintiéndose seguro, aprenderá a confiar en los demás.

Si se denigra al niño con frecuencia, se desarrollará en él un malsano sentimiento de culpa Si las ideas del niño son aceptadas con regularidad, él aprenderá a sentirse bien consigo mismo.

Si se es condescendiente con el niño, él aprenderá a ser paciente Si se alienta al niño en lo que hace, ganará seguridad en sí mismo Si el niño vive en una atmósfera amigable y se siente necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.

No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo Escucha siempre a tu hijo y respóndele cuando él se acerque a ti con una pregunta o un comentario Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante Está dispuesto a ayudar si tu niño busca algo, pero también está dispuesto a pasar desapercibido si él mismo ya ha encontrado lo que buscaba Ayuda al niño a asimilar lo que antes no había podido asimilar. Haz eso llenando el mundo que lo rodea de cuidado, discreción, oportuno silencio y amor.

Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Dale lo mejor que hay en ti

No traten de disipar mi dolor con grandes regalos y diversiones. Me duele el corazón y éste no sana con risas sino con caricias. Todo lo que necesito es la garantía de que, aunque estén separados, ninguno de los dos me abandonará

Díganme con palabras y actitudes que puedo seguir amándolos a los dos y ayúdenme a mantener una relación estrecha con ambos. Después de todo, fueron ustedes quienes se escogieron mutuamente como mis padres.

No me pongan de testigo, de árbitro ni de mensajero en sus peleas y conflictos. Me siento utilizado y responsabilizado por arreglar un problema que no es mío. Tengan en cuenta que todo lo que hagan para perjudicarse mutuamente, quiéranlo o no, en primer lugar me lastimará personalmente a mí.

No se critiquen ni se menosprecien delante de mí, así todo lo que digan sea la verdad. Entiendan que por malos que hayan sido como esposos, son mis padres y por lo tanto yo necesito verlos a ambos como lo máximo.

No peleen a ver cuál se queda conmigo, porque no soy de ninguno, pero los necesito a los dos. Recuerden que estar conmigo es un derecho, no un privilegio que tienen ambos y que tengo yo.

No me pongan en situaciones en que tenga que escoger con quién irme, ni de que lado estoy. Para mi es una tortura porque siento que si elijo a uno le estoy faltando al otro, y yo los quiero y los necesito a los dos.

Díganme que no tengo la culpa de su separación, que ha sido su decisión y que yo nada tengo que ver. Aunque para ustedes esto sea obvio, yo me culpo porque necesito conservar su imagen intacta, y por lo tanto, el único que puede haber fallado debo ser yo.

Entiendan que cuando llego furioso después de estar con mi padre/madre, no es porque él/ella me envenene sino que estoy triste y tengo rabia con ambos porque ya no puedo vivir permanentemente con los dos.

Nunca me incumplan una cita o una visita que hayan prometido. No tienen idea de la ilusión con la que espero su llegada, ni el dolor tan grande que me causa ver nuevamente que han fallado.

Denme permiso de querer a la nueva pareja de mi padre/madre. Aunque en el fondo del alma me duele aceptarla, yo quiero ganármela para no perder al padre/madre que pienso que me dejó por ella.

No me pidan que sirva de espía ni que les cuente cómo vive o qué hago con mi otro padre. Me siento desleal para con él, y no quiero ser un soplón.

No me utilicen como instrumento de su venganza, contándome todo lo “malo” que fue mi padre/madre. Lo único que con seguridad lograrán es que me llene de resentimiento contra quien trata de deteriorarme una imagen que necesito mantener muy en alto.

Asegúrense que comprendo que aunque su relación matrimonial haya terminado, nuestra relación es diferente y siempre seguirá vigente. Recuerden que aunque la separación pueda constituir para ustedes una oportunidad para terminar con un matrimonio desdichado o para establecer una nueva relación, para mí constituye la pérdida de la única oportunidad que tengo para criarme al lado de las personas que más amo y necesito: mi papá y mi mamá…

El tiempo, poco a poco, me liberará de la extenuante fatiga de tener hijos pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin reposo.

De las manos gorditas que sin parar me agarran, me escalan por mi espalda, me cogen, me rebuscan sin restricciones ni vacilaciones. Del peso que llena mis brazos y dobla mi espalda. De las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones.

El tiempo me devolverá el ocio vacío de los domingos y las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el miedo a la soledad. Aligerará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me oprime el diafragma.

El tiempo, sin embargo, inexorablemente enfriará otra vez mi cama, que ahora está cálida de cuerpos pequeños y respiros rápidos. Vaciará los ojos de mis hijos, que ahora desbordan de un amor poderoso e incontenible.

Quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelará, poco a poco o de repente, la familiaridad de sus piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos.

Llegarán a separarnos para siempre el pudor, la vergüenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río que excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser omnipotente. Capaz de parar el viento y calmar el mar. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable.

Dejarán de pedirme ayuda, porque ya no creerán que yo pueda en ningún caso salvarlos.

Pararán de imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mi. Dejarán de preferir mi compañía respecto a la de los demás (y ojo, esto tiene que suceder!)

Se difuminarán las pasiones, las rabietas y los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nanas y los Había una vez… acabarán de resonar en la oscuridad.

Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrirán que tengo muchos defectos y, si tendré suerte, me perdonarán alguno.

Sabio y cínico, el tiempo traerá consigo el olvido.

Olvidarán, aún si yo no olvidaré. Las cosquillas y los “corre corre”, los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo. Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las tartas, las caricias mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos olvidarán que les he amamantado, mecidos durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en lo que me han necesitado tanto, como el aire que respiran.

Olvidarán, porque esto es lo que hacen los hijos, porque ésto es lo que el tiempo elige.

Y yo, yo tendré que aprender a recordarlo todo también para ellos, con ternura y sin arrepentimiento, ¡gratuitamente! y que el tiempo, astuto e indiferente, sea amable con esta madre que no quiere olvidar.

 

(Tomado de  Fb TeAdoré)

Para los hijos varones la figura materna es algo muy importante. El vínculo que se da entre madre e hijo es uno de los más preciados y especiales que una mujer pueda disfrutar. Cuando los hijos crecen y comienzan a poner su atención en “otras chicas” la mamá puede comenzar a experimentar algo parecido a los celos y puede volverse dominante y posesiva. Entonces aparece la idea de “no hay una mujer perfecta para mi hijo”.

Si no quieres llegar a convertirte en la horrible suegra de los chistes, hay que ir un paso adelante pues finalmente un día llegará otra mujer a quien él amará con todo su corazón. Para no perder la relación con tu hijo una vez que se case, sino mejorarla y crear una buena relación con tu futura nuera, es necesario que tu hijo sepa de tu boca estas cosas:

Tú amas a tu hijo tal y como es, por lo tanto, vas a amar todo aquello que él ame y eso implica estar decidida a amar a la mujer que él elija para ser su esposa, además de verla como tu hija , la cuidarás y protegerás como tal.

Tú siempre serás su mamá y muchas veces serás lo más parecido a su mejor amigo. Esto es, que puede confiar en ti, que lo escucharás pero siempre pensarás primero en el bienestar de tu nuera y tus nietos antes que el bienestar de tu propio hijo; que lo amas muchísimo, pero que una vez que sea un hombre casado, su lugar será su casa, no la tuya.

Que la mujer más importante en su vida es su esposa y no su mamá. Sus visitas y sus llamadas te hacen y te harán muy feliz, pero que amarás mucho más las visitas con los nietos y la familia completa a casa.

Voy a respetar tu espacio, tu independencia y a tu familia.

En mi casa no puedes hablar mal de tu esposa o tus hijos; no voy a opinar ni a favor ni en contra; no me voy a poner de tu lado ni voy a interferir en sus asuntos; no me pidas que oculte cosas a tu esposa, que le mienta y pierda su confianza.

Hace algunos años un viejo amigo y su esposa nos contaban de las cosas que les habían ayudado a establecerse y fortalecer su matrimonio. Este buen hombre mencionó que cuando él le mostró orgulloso a su madre el anillo de compromiso que había comprado para su novia, la madre le dijo: “ella se merece algo mucho mejor que esto, tú puedes esforzarte un poco más por ella” así que el joven devolvió el anillo y trabajó aún más hasta obtener un anillo digno de su esposa. Cada vez que él le contaba su madre de alguna dificultad en el matrimonio o en la vida, su madre le decía lo mismo: “tú puedes esforzarte un poco más por ella” y así lo ha hecho todos los días desde entonces. Cuando esa buena mujer falleció, dejó en herencia su propio anillo de compromiso a su nuera junto con las palabras: “Gracias por haber hecho de mi hijo un hombre bueno y feliz”.

La buena influencia de una madre en sus hijos varones ayudará a que no solo él, sino sus hijos y esposas sean felices, fortalecerá lazos y mantendrá generaciones unidas. Sé más inteligente y ve un paso adelante resguardando el amor.

En el parque un día, una mujer se sentó al lado de un hombre cerca de un patio de recreo. “Ese es mi hijo, el que esta ahí,” ella dijo, apuntando a un pequeño niño de camiseta roja quien se estaba tirando de la resbaladilla.

“Es un niño muy bonito” el hombre dijo. “Esa es mi hija en la bicicleta con el vestido blanco.” Entonces, mirando a su reloj, el llamo a su hija, “¿Cuando nos vamos Daniela?” Daniela le pidió, “Solamente cinco minutos más, por favor Papá? “Solo cinco minutos más.” Su papá dijo que si y Daniela continuo en su bicicleta feliz.

Pasaron los minutos y el papá se paro y la llamo de nuevo. “Ya nos podemos ir?” De nuevo Daniela le suplicó, “Cinco minutos más, Papá, solo cinco minutos mas.” El hombre sonrió y dijo, “esta bien” “Ciertamente tu eres un papá muy paciente”, la mujer respondió.

El hombre se rió y dijo, “A su hermanito mayor lo mato un chofer borracho el año pasado mientras el estaba en su bicicleta cerca de aquí. Nunca pasaba mucho tiempo con él y ahora daría cualquier cosa por solamente pasar cinco minutos con Luis. Me he prometido no cometer el mismo error con Daniela.

Ella piensa que tiene cinco minutos mas para montar su bicicleta. La verdad es que, yo tengo cinco minutos mas para verla jugar.

” La vida se trata de hacer prioridades”

¿Cuáles son tus prioridades?. Dale cinco minutos mas de tu tiempo a alguien que quieres…

Un escrito para reflexionar cuantas veces desperdiciamos 5 minutos sin la compañía de nuestros seres queridos.

 

Mi esposa no trabaja !!!

Conversación entre un esposo (H) y un psicólogo (P):

P: ¿Qué se hace para ganarse la vida señor Rogers?

H: Yo trabajo como contador en un banco.

P: Su esposa?

H: No trabaja. Ella es un ama de casa.

P: ¿Quién hace el desayuno para su familia?

H: Mi esposa, ya que ella no trabaja

P: A qué hora por lo general se despierta su esposa?

H: Ella se despierta temprano porque tiene que organizarse antes de poder sentarse desayunar: Pone la mesa, organiza el almuerzo para los niños de la escuela, se asegura de que estén bien vestidas y peinadas, si tomaron desayunaron, si se cepillaron los dientes y se llevan todos sus útiles escolares.

P: ¿Cómo van sus hijos a la escuela?

H: Mi mujer los lleva a la escuela, ya que ella no trabaja.

P: Después de llevar a sus hijos a la escuela, que hace ella?

H: Por lo general tarda en resolver algo en la calle, como el pago de facturas o hacer una parada en el supermercado. Una vez de vuelta a casa, debe tener a tiempo el almuerzo. Sirve la mesa, ordenar la cocina y luego se encargará de lavandería y limpieza de la casa. Ya sabes, como es eso.

P: Por la noche, después de regresar a casa desde la oficina, ¿Qué haces?

H: Descanso, por supuesto. Pues estoy cansado después de trabajar todo el día en el banco.

P: ¿Qué hace tu esposa en la noche?

H: Ella hace la cena, nos sirve a mis hijos y a mí, lava los platos, ordena una vez más la casa. Después de ayuda a los niños a prepararse para dormir, dar leche caliente que les gusta beber, verifica que laven sus dientes…

 

Esta es la rutina diaria de muchas mujeres en todo el mundo, empieza por la mañana y continúa hasta altas horas de la noche … Esto se llama “no trabaja” ?!

Ser Ama de casa no tiene diplomas, pero cumplen un papel clave en la vida familiar!

Desfrute y aprecie a su esposa, madre, abuela, tía, hermana, hija… porque su sacrificio es invaluable.

Alguien le preguntó…

Usted es una mujer que trabaja o es sólo “ama de casa”??

Ella respondió:

Yo trabajo como esposa del hogar, 24 horas al día ..

Soy una madre,

soy mujer,

soy la hija,

soy el despertador,

soy el cocinero,

soy la criada,

soy el maestro,

soy el camarero,

soy la niñera,

soy enfermera,

soy un trabajador manual,

soy un agente de seguridad,

soy el consejero,

soy el edredón,

No tengo vacaciones,

Ni tengo la licencia por enfermedad.

No tengo día libre

Trabajo día y noche,

Estoy de guardia todo el tiempo,

No recibo sueldo y …

Aun así, suelo escuchar la frase:

“Pero ¿Qué haces todo el día?”

Dedicado a todas las mujeres que dan su vida por el bienestar de sus familias La mujer es como la sal:

Su presencia no se recuerda, pero su ausencia hace que todo se quede sin sabor

Leído y compartido para todas las mujeres bellas de nuestras vidas.