Has escuchado  la palabra vínculo y no sabes a ciencia cierta de que se trata, hoy  te quiero compartir un poco sobre el tema,  un vínculo es  la relación de cariño y/o amor  que se establece entre dos personas, inicia en la primera infancia y se establece de inicio entre la mamá y el  hijo,  se da desde la concepción y este vinculo generalmente permanece hasta el último día de nuestra existencia, sin embargo no quiere decir que será el único, establece vínculo de igual manera con su papá o abuelos, en fin con cualquier persona con quien el niño sienta que hay amor o cariño.

Los vínculos afectivos están todo el tiempo con nosotros, en todo lo que rutinariamente hacemos con las personas, la influencia que éstos tienen son los que ayudarán a definir su conducta, su forma de relacionarse con los demás así como la actitud que tengan durante su vida.

Recuerda la importancia de los mismos,  son la base para las relaciones que los niños tendrán en un futuro ya como personas adultas, es por esto que necesitamos estar conscientes de la importancia  importancia del vinculo que creamos con nuestros hijos. El vinculo con nuestros hijos va mas allá de solo ser sus padres, significa la unión de padres e hijos.

Como puedo favorecer que el vínculo con mis hijos sea sano

Demuestra a tu hijo  cada vez que te sea posible el cariño que le tienes, díselo, abrázalo, bésalo, el contacto físico tiene un poder positivo en cualquier ser humano.

Realiza actividades cotidianas junto con el, juegos de mesa, horneen galletas, compartan cuentos, vayan al parque, muestra lo divertido que es hacer actividades juntos.

Cuando tu hijo se acerque a ti para platicar por favor escucha con atención, míralo a los ojos, deja por un momento lo que estás haciendo, para poner tus sentidos en lo que tu hijo quiere compartirte, no lo juzgues, espera a que termine,  no lo interrumpas, si es necesario hazle preguntas,  muestra interés en lo que te dice, asienta con la cabeza, pregúntale sobre sus emociones o sentimientos y enséñale a identificarlos, muestra los tuyos cuando platiques con ellos,  muestra empatía cuando hables con ellos.

Ten presente que un  vínculo seguro durante  la infancia influye en la capacidad de tener relaciones sanas, los vínculos fortalecen la autoestima, la seguridad y la confianza de cada persona, así que de nosotros los padres depende nuestros  vínculos fuertes  con los hijos

¡Porque te puedo asegurar que la mía lo era…! Es más… ¡Yo tuve la madre más malvada de todas!

Mientras que otros niños comían dulces en el desayuno, nosotros teníamos que comer cereal, huevos y leche. Mientras que otros niños llevaban una gaseosa y un alfajor para el recreo, nosotros llevábamos sándwiches caseros. (Ya te imaginarás que la comida que nos preparaba mi madre era totalmente diferente a la que comían otros niños). Mi madre insistía en saber dónde estábamos a todas horas. Se diría que éramos prisioneros. Ella tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y qué era lo que hacíamos cuando estábamos con ellos. Además, insistía en que, si decíamos que íbamos a estar fuera una hora, teníamos que regresar a la casa en una hora o menos. Aunque a mí y a mis hermanos nos avergonzaba admitirlo, nuestra madre violaba la Ley del Trabajo de Menores y nos hacía lavar los platos, tender las camas, aprender a cocinar, barrer el piso, lavar nuestra ropa, tirar la basura y todo tipo de trabajos inhumanos. Es más, todos los hermanos pensábamos que se pasaba las noches en vela, inventando nuevas cosas que nos iba a obligar a hacer al día siguiente.

 

Siempre nos molestaba con que teníamos que decir siempre la verdad. Es más, creo que cuando éramos adolescentes era capaz de leer nuestra mente. ¡Y después las cosas se pusieron peores! Mi madre nunca permitió que nuestros amigos sencillamente tocaran la bocina del coche cuando estaban frente a la casa para que saliéramos. ¡¡No!! ¡Tenían que entrar a casa para que ella pudiera conocerlos…! Mientras que todos mis conocidos podían salir con sus “amigas” y “amigos” desde los 12 o 13 años; nosotros teníamos que esperar hasta haber cumplido los 16 años. Es triste decirlo; pero por culpa de nuestra madre perdimos muchísimas experiencias que otros jóvenes normales pueden vivir… A ninguno de nosotros nos sorprendieron robando algo en el almacén, o dañando propiedad ajena; es más, ni siquiera nos arrestaron por algún crimen menor. Eso fue culpa de mi madre.

Y ahora que ya no vivimos con mamá, todos nosotros somos adultos honestos y responsables. Y (tengo que reconocerlo) todos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para ser malos con nuestros hijos, tal y como mamá lo fue con nosotros.

A decir verdad; creo que eso es lo que está mal con el mundo… ya no hay suficientes malas madres…

“Los días ordinarios”

 

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.

 

Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes, y se mecían en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.

 

Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro. Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

 

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado. El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.

 

Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer, y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.

 

Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

 

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día: se cierra. Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya, y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.

Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estas parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás. Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

 

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada.

 

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

 

Te dice “qiubo ma” y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares leche, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

 

Te recuerdas a ti misma, que habrá que dejarlos ir y practicas el arte de vivir el presente. Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

 

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en vez de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno, por que en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente.

 

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, se han ido ya. La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

 

Entonces miro a mi esposo, sentado en la mesa del antecomedor, que de pronto se hizo muy grande para dos, y me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de albums con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar; los que desearía volver a vivir, son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

 

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

 

Inspirado en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

 

El día que nos convertimos en padres  nos llega una responsabilidad y  una ocupación especial porque queremos que nada absolutamente nada  les suceda a nuestros hijos, esto es lo que generalmente nos ocurre a la mayoría de las personas, digamos que pasar por este momento es algo esperado, pero como saber en qué momento nuestros hijos necesitan tener padres que los ayuden a crecer sanos y seguros y no hacer de ellos hijos temerosos buscando todo el tiempo a sus padres para saber si van bien, si está correcto o si pueden o no realizar algo , por esto que les quiero comentar  la diferencia entre cuidar y proteger.

Ser papás ocupados por la educación de nuestros hijos o convertirnos  en “Papás Dron”, así  llamo a todos aquellos padres que están por encima de sus hijos todo el tiempo por el miedo a que algo les suceda (aclaro que puede ser el padre o la madre), que les suceda algo puede ser desde ensuciarse hasta que se resbalen o caigan, sin embargo a veces olvidamos que nuestros hijos son niños que necesitan vivir experiencias para aprender, es necesario estar nosotros  ahí con ellos por si nos necesitan, pero ayudarlos a sentirse  seguros para que sepan que pueden hacerlo.

Cuando nacen y son pequeños, nos necesitan todo el tiempo, cuidamos que coman a la hora y la cantidad que les corresponde, que estén limpios, que no se enfermen, cuidarlos y protegerlos es parte de nuestra responsabilidad como padres, una vez que los hijos empiezan a crecer  es importante iniciar dándoles  libertades y permitirles que ellos  vayan descubriendo de lo que son capaces de hacer sin necesidad de que nosotros estemos sobre de ellos “Papás Dron” todo el tiempo diciendo que y como hacer las cosas, “cuidado hijo no te subas a la resbaladilla porque te puedes caer” “no brinques así te puedes lastimar” “No toques la tierra te vas a enfermar” “No juegues con eso te vas a ensuciar”  todo esto provocado por nuestro  miedo a que les pueda pasar algo, este es el miedo que necesitamos superar,  el mismo que  nos impide que nuestros hijos se enfrenten a  obstáculos y retos cotidianos y poder interactuar con libertad en su ambiente.

La importancia de darles esta libertad radica en que ellos poco a poco se volverán  niños  seguros y confiados en ellos mismos lo que fortalece la autoestima, mismo que permitirá en el futuro que sean capaces de enfrentar retos e impedimentos sin miedo y anticipando lo que puede suceder, es importante que veamos esto como un área de crecimiento para ellos y no seamos fatalistas, pensemos en  dejarlos  experimentar diferentes experiencias, recuerda que nuestro trabajo como padre es estar ahí por si tu hijo te necesita y vencer tus propios miedos.

Te gustaría saber si eres un “Papá Dron”, revisa la siguiente lista para que conozcas las características

Son padres que crean una dependencia padres-hijos, cuando los hijos crecen se les dificultan las relaciones con otras personas.

Ayudan a sus hijos todo el tiempo, haciendo las labores por ellos para así evitarles problemas y de esta forma también responsabilidades, además de mandar el mensaje de “Tu no puedes por eso estoy yo contigo para hacerlo” estos padres mandan sin saberlo el mensaje de “eres inútil” en lugar de “te amo”

Cuando van a la escuela son los padres que viven en el espacio del niño, están enterados de todo lo que sucede dentro del colegio, no permiten que sus hijos resuelvan por si solos sus problemas con niños que son de su edad o con los maestros.

Se preocupan todo el tiempo por evitar que su hijo sufra cualquier fracaso o frustración, olvidando que esto permite a los niños a descubrir sus propias habilidades y fortalezas, así como aprender a superar las frustraciones sabiendo que no siempre se gana o se obtiene todo

Dejar que vivan sin responsabilidades porque “son muy pequeños”, es de lo más común, es importante ayudar a los hijos a descubrir que las cosas se ganan y que todos aportamos algo para que funcionen, esto es decir no pueden obtener todo sin haber hecho nada, pueden y deben ayudar en casa.

Recuerda que el proceso de ser padres es de toda la vida, necesitamos ayudar a nuestros hijos a que crezcan en un ambiente dónde se sientan libres y seguros a tu lado y no asfixiados, cuando crezcan y sean independientes (en todos los sentidos)

Como padres es difícil entender que algunos de nuestros actos de amor pueden hacer daño a nuestros hijos, parte de amar es ayudarlos a que desarrollen herramientas para llegar a ser independientes (económica, emocional y socialmente) de nosotros, habremos sido exitosos como padres  si nuestros hijos llegan a ser adultos balanceados, responsables, empáticos  y activos en su ambiente.

Grace González

 

 

 

 

Ha llegado el momento de que nuestro pequeñ@ se incorpore  a la escuela, como siempre las madres principalmente somos las mas preocupadas y angustiadas por que nuestros hijos no lloren en el kinder, siempre me preguntan que hacer para evitarlo.

Se pueden hacer muchas cosas pero lo más importante es prepararlo, cuando hablo de prepararlo me refiero a recordarle antes de dormir que al día siguiente irá a la escuela, que es un lugar o un grupo nuevo, que trabajará en cosas nuevas y que mamá estará haciendo su trabajo para cuando termine el en la escuela.

Lo que es importante es que las madres  necesitamos antes  que nadie sentirnos seguras, si nuestro hijo nos ve tranquilas  lo más probable es que él esté mucho mejor,  un pequeño de edad preescolar puede tardarse alrededor de  3 semanas en adaptarse a esta nueva vida, por lo que apenas es el inicio, así que no olviden  prepararlo todo el tiempo, hablen con el, mencionen lo  que harán ustedes mientras él está jugando y trabajando en la escuela, preparen  cosas de comer que saben que él disfruta, hagan un detalle para que él vea que también ustedes pensaron en él, si necesita algo que lo mantenga en contacto con ustedes pueden darle una mascada o pañoleta o algo que a su pequeñ@ les haga recordarlas y sentirse segur@s, esto hará que cuando llegue a casa pueda ver   que ustedes también pensaron en él mientras no estaba, recuerda  las claves son  tiempo y  seguridad.

Les deseo mucha suerte a todas las que se han iniciado en este hermoso camino!!!

-Grace-

Seguramente has escuchado de la importancia de establecer límites en nuestros hijos, me gustaría compartirte que para mí los niños son tan moldeables como el líquido ya  que los puedes hacer como quieras, (en sentido figurado) es decir, los puedes hacer alargados, extendidos, anchos , como tu quieras pero para que no se te derramen siempre necesitan un contenedor, ese contenedor son los acuerdos y los límites que se establecen en familia, no hay un libro o receta de cocina para saber cuales son los adecuados, sin embargo los valores es algo que siempre estará implícito en lo que se establezca, del mismo modo tener siempre presente que cada acción tiene una consecuencia, por lo que si se rompe el límite sucederá lo mismo, pero esta consecuencia debe de ser conocida al establecer el límite, es decir, tu hijo debe de saber que se espera de él y que sucede si no lo cumple, no es amenaza, es la  forma en como  él conoce  lo válido o no y toma la decisión que en ese momento sienta que es la que quiere y de esta manera afrontar las consecuencias de sus actos.

¿Qué ganancia o  beneficio se tiene cuando se establecen?

  • Ayuda al niño a tener claros los criterios sobre determinadas acciones y comportamientos.(saber que se espera de él )
  • Brindan seguridad, al saber lo que tiene permitido y no puesto además de conocer con anterioridad las consecuencias  de sus actos.
  • Le permite anticipar la forma de actuar del adulto.
  • Aporta conocimiento y valor a las normas establecidas en la sociedad.
Después de leer lo anterior, surge la duda de cómo saber cuales reglas  establecer así cómo los acuerdos a los que se debe de llegar,  es importante que te mencione que no es una receta de cocina, sin embargo si puedes tomar en consideración lo siguiente:
  1.  Transmitir el cuidado por el mobiliario, los juguetes o los elementos de la casa que pueden usar.
  2.  Garantizar la seguridad del niño. Por ejemplo:
    • Cruzar la calle de la mano
    • Ir en la silla del coche
    • Ponerse el cinturón de seguridad
    • No manipular aparatos peligrosos
  3. Enseñarles a tratar correctamente a las personas, respetando y tratando como quieren que los traten
  4. Establecer tiempos y horarios: para la comida, para el juego, para el parque, para ver la tv.
  5. Enseñarles a respetar las normas de los distintos lugares aún sabiendo que pueden ser diferentes a las de ellos.
  6. Decir lo que piensan y sienten y que sean escuchados.

 

Como se mencionó antes, no es receta de cocina, sin embargo sí es importante hacer que nuestros hijos conozcan y anticipen lo que se espera de ellos y no encontrarse con sorpresas dónde muchas veces nosotros como padres actuamos desde el  enojo.

Grace

 

Si alguien me hubiera dicho que ibas a crecer tan rápido, tal vez hubiera aguantado mas esas noches de desvelo, en la que te abrazaba contra mi pecho para calmar tu llanto, hubiera jugado a todo lo que me pedías aunque tuviera que dejar el café de la tarde para convertirme en spiderman y luchar contra el mal en compañía de mi batman.

Si alguien me hubiera dicho que ibas a dejar de necesitarme, que ibas a aprender a comer tu solo a bañarte, a vestirte, que ya no llorarías en las noches , que te daría pena que te besara enfrente de tus amigos tal vez te hubiera abrazado más, te hubiera besado más, hubiera disfrutado esos momentos en los que aun pedías estar cerca de mí.

Hubiera dejado de regresarte a tu cama esa noches en las que aparecías a mi lado porque te daba miedo estar sin mí, hubiera dejado de escuchar que te ibas a acostumbrar a mis brazos si te cargaba mucho, hubiera seguido mas a mi corazón que a la razón, que a los consejos de los demás.

Disfrutaría mas tu increíble inocencia, la forma en que apreciabas la vida, en el que cada momento del día lo vivías al máximo, sorprendiéndote de todo lo nuevo con un brillo mágico en tus ojos, aprendería mas de ti, de tu manera de amar sin condiciones sin prejuicios ni complicaciones.

Admiraría cada día tu sonrisa, lo fácil que era demostrar tus emociones, admiraría cada día la transparencia de tu alma.

Es verdad ser madre no es fácil pero recuerda el tiempo pasa muy rápido ellos crecerán, dejaran de gritar, de correr por toda la casa, volverás a tener toda tu mañana libre para ir a esos desayunos con tus amigas sin tener que perseguir a tu hijo por todo el restaurante, dejaran de hacer berrinches…
Se irán de casa dejando un silencio total, y desearas con toda el alma regresar el tiempo en el que aun eran tus bebes.

Ahora es el momento… disfrútalo, dale tiempo al tiempo, no quieras adelantar lo que inevitablemente pasará.

Hoy nos toca hablar un poco de los adolescentes, esta etapa que es calificada por muchos  como la más difícil, en donde ni ellos mismos pueden entender que quieren,  que necesitan, que les gusta o que no, lo que buscan, por  donde van.

No  pueden planear mas de un día, ya que para ellos no hay anticipación, ni miedo o temor  a nada, sin embargo no es la etapa más difícil como nos han hecho creer, simplemente que no siempre estamos preparados como padres para ella;  pasamos la infancia de nuestros hijos con altibajos, con niños que generalmente hacían caso, estudiaban, no necesitaban andar socializando tanto, podíamos compartir momentos con ellos , etc.,  de pronto en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos con una situación que no podemos comprender, algo nuevo para nosotros y es cuando nos  preguntamos  ¿ qué le ha pasado a nuestro hij@? ¿dónde está el niñ@ que disfrutaba a nuestro lado?  ese niño es el mismo  hasta hace algunos días  más tranquilo y obediente.

¿Te suena algo lo que leíste? si es así entonces surge una pregunta ¿habré hecho algo mal? O peor aún buscamos si es alguien o algo lo que lo está influenciando,   es importante que sepas que lo único que pasa es la adolescencia, este momento hermoso, donde nuestros hijos dejan de ser niños para iniciar el largo camino de convertirse en adultos , esta fase de rebeldía en donde su cuerpo no se conecta con sus pensamientos, en dónde se vuelven muchas veces torpes o lentos, en dónde necesitamos un elefante para alimentarlos y  dónde nosotros como padres no sabemos si amarlos o encerrarlos hasta que pase el ciclo.
Primero hay que entender que ellos no buscan pelear con nosotros, lo que nos dicen y aparentemente  nos retan no es para pelear, es para encontrarse ellos mismos, es descubrir de lo que son capaces, necesitan sentirse amados y escuchados, no regañados y enjuiciados, si con anticipación les diste límites y consecuencias ellos entenderán lo que se espera, recuerda que en este periodo tienes la oportunidad y es el último de resarcir algún daño hecho en la infancia, de hacerlos sentir seguros, autónomos e independientes,  así que empieza a  comunicarte con ellos y a amarlos como siempre, tu niño se ha ido y empieza a ser un joven.

Grace González

Te ha pasado que sientes que piensas o sientes que  tus hijos no te escuchan, por más que les pides algo simplemente no sucede, quiero platicar mi experiencia, cuando alguna mamá escribe pidiendo consejos sobre qué hacer para que su hijo obedezca, una de mis primeras preguntas es generalmente les pregunto qué es lo que buscan o necesitan, la mayoría de las veces me contestan que lo único que quieren es que su hijo obedezca y se porte bien.

¿Qué es portarse bien? Si tienes oportunidad cuestiona a diferentes personas y cada una te dirá algo diferente, si pretendes que tus hijos comprendan lo que quieres que hagan, lo más fácil e importante es que primero tu tengas claro que es lo que exactamente deseas.

Una  sugerencia es  hablarles  en positivo y de forma concreta, seré más clara en lo que les menciono, por ejemplo si sabes que irán a consulta con el  pediatra, notifícale a tu hijo lo que va a pasar, explícale lo que tu esperas de él, dilo además ve preparada para lo que puedas necesitar; esto es, “Iremos a ver al doctor porque te toca revisión, te pido que mientras pasamos  a la revisión  te quedes sentado a mi lado” , “llevaré crayolas o juguetes para que te entretengas mientras nos pasa a consulta”

En ocasiones solamente cambiamos a nuestro hijo sin decirle nada, en el camino le decimos vamos al doctor y estando ahí le pedimos que se porte bien, sin siquiera explicarle a el lo que esto para nosotros significa.

La próxima vez que le digas a tu hijo, obedece o pórtate bien, has un alto y piensa si estás siendo clara con él.

Una madre levantó la mano y preguntó:
– ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?
– Dígale que baje, – le dije yo.
– Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.
– ¿Cuántos años tiene el niño?– le pregunté.
– Tres años – afirmó ella.
Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con grupos de padres.
Muchos conflictos se están viviendo porque los padres de familia se muestran temerosos o flojos para ejercer su autoridad. Y esos hijos van creciendo y el problema junto con ellos, ya que a esos padres les cuesta trabajo tomar la decisión de poner límites y ejercer su autoridad de forma correcta.
¿Por qué tus hijos hacen lo que hacen?
1.- PORQUE TÚ LOS DEJAS.
Hacen lo que hacen porque tú se los permites. Los hijos se convierten en lo que son, porque sus padres lo permiten, así de sencillo. Si tu hijo está haciendo un desastre de su vida, esta respuesta no te va a gustar, tú vendrás a mí y me darás un millón de excusas, le vas a echar la culpa a la música que escucha, a las películas que ve, a los libros que lee (si es que lee), a la violencia que transmite la televisión, al sistema educativo, o a la presión que ejerce la sociedad o a sus amigos, así es que haz a un lado la indignación y piensa en esta verdad: tus hijos son producto de tu paternidad o lo que es lo mismo, de tu manera de educarlo.
2.- NO HAY CONSECUENCIAS DEL MAL COMPORTAMIENTO.
Los padres dejan hacer a sus hijos lo que quieran, con muy poca información de lo que es aceptable y lo que no lo es. Si ellos hacen algo mal, no hay consecuencias por el inaceptable comportamiento.
Algunas veces decimos: “si haces esto te va a pasar aquello”, y “si no haces aquello te va a pasar esto”, después ellos no hacen lo que tienen que hacer y no pasa nada, no cumplimos la promesa de las consecuencias advertidas. ¿Sabes en qué se convierte un padre que no cumple con las consecuencias advertidas? En un MENTIROSO; y eso justamente aprenden nuestros hijos, a mentir, y a prometer sin cumplir, al fin que no pasa nada.
3.- TÚ LES DICES A TUS HIJOS QUE SON ESPECIALES.
Quizás no vas a estar de acuerdo conmigo en esto, créeme que a mí también me resultó difícil entenderlo y aceptarlo, pero es una realidad. Si tú eres de los que actualmente cree que su pequeño ángel es especial, lamento decirte que no lo es; si tú les dices a tus hijos constantemente que son especiales, los perjudicas más que ayudarlos.
Tu hijo es especial para ti y solo para ti, no lo es para nadie más. Tu hijo nació con todo tu amor y verlo crecer es toda una maravilla, sin embargo cuando crece y cruza tu puerta para ir a la escuela, él, solo es un niño más en la lista de la escuela, y no hay nada de especial acerca de él.
En el mundo real, tu hija no es una princesa, ni tu hijo un príncipe, sólo es un niño más. Los hijos deben entender y aprender a crecer sabiendo que al instante que dejen tus amorosos brazos y entren al mundo real, nadie los amará por la única razón de que ellos existen, como lo haces tú.
4.- TÚ HACES QUE TUS HIJOS SEAN LA COSA MÁS IMPORTANTE EN TU VIDA.
Ellos no lo son. Yo sé que tú piensas que lo son pero no es así; cuando tú dejas pensar a tus hijos que son la persona más importante en tu vida, ellos aprenden a manipularte y tú terminarás haciendo lo que ellos digan.
Tus hijos son importantes, no me mal entiendas, tus hijos deben ser amados incondicionalmente; pero los padres que ponen por encima de todo, la felicidad de sus hijos y sacrifican su propia vida y algunas veces su matrimonio también, entonces cuando acabe la labor como padre, tus hijos crecerán y te dejarán, e irán en busca de su propia felicidad y tú te quedarás únicamente con tu esposo (a), en el mejor de los casos.
Si todo tu tiempo y energía lo gastas únicamente en tus hijos, cuando ellos se vayan tú no tendrás la certeza de que tu compañero(a) estará contigo; esa es una de las razones porque hay divorcios luego de que los hijos se van, pues la única cosa en común que tenían eran los hijos, y nunca trataron de alimentar el amor marital como lazo de unión.
Esto mismo pasa con las madres y padres solteros, ellos gastan todo su tiempo y energía en sus hijos, sacrifican su propia vida, pensando que lo mejor es servirlos y poner su vida “en espera” mientras los ayudan a madurar, pero después los hijos se van y ellos se quedan solos sin compañero(a) con quien envejecer juntos, por lo general terminan tratando y viendo a su hijo de 50 como si fuera de 4 años.
5.- FALLAMOS AL ENSEÑARLES LA DIFERENCIA ENTRE DERECHOS Y PRIVILEGIOS.
Los hijos tienen entre otros los siguientes derechos: a la vida, a jugar, a la libertad de opinar, a una familia, a la protección contra el trato negligente, a la alimentación, a ser amados, a recibir educación, etc. Los privilegios son concesiones ganadas por una acción determinada; a nuestros hijos les compramos cosas, por ejemplo: lo más actual en videojuegos, o ropa o zapatos de marca, o una mascota, e incluso los llevamos al cine o a vacacionar, les compramos celulares, etc, etc. y todo gratis, a cambio de nada. Hoy te digo que aunque te sobre el dinero para complacer a tu hijo, tienes que enseñarle a ganárselo; él tiene que saber que las cosas que le gustan, cuestan y hay que pagar un precio por ellas. Incluso estas cosas te ayudarán en la negociación de actitudes y comportamientos.
6.- TRABAJAS EN EL AUTOESTIMA DE TU HIJO.
La palabra autoestima es una palabra compuesta. Auto: uno mismo, y estima: amor, o sea, amarse a uno mismo. Tú no le puedes proporcionar una valoración positiva de él mismo, porque confundimos el animarlos y apoyarlos con aumentar su autoestima y cambiamos la regla de “si tiene alta autoestima tendrá éxito en todo”, pero en realidad es al revés “si tiene éxito en todo, aumentará su autoestima”. Así que si quieres que tengan autoestima alta, enséñale a alcanzar sus éxitos. A que luche por ellos, porque todo cuesta esfuerzo, dedicación y perseverancia.
Espero que estos comentarios te ayuden a entender el por qué a veces le pedimos peras al olmo, si en realidad cosechamos lo que sembramos.

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Fuente: Padres Al Rescate De Los Valores